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UN CHISTE SOBRE ‘SAN’ JOSEMARÍA ESCRIVÁ MUY CONTADO EN AMBIENTES ECLESIÁSTICOS

Publicado por opusvalladolid en Junio 11, 2008

 

Se sabe que las tres condiciones para la canonización son:

1- existencia real.

2- algún milagro realizado por la intercesión del candidato.

3- santidad de vida.

También se sabe que hay excepciones para cada regla:

1- No está absolutamente probada la existencia histórica del indio Juan Diego.

2- San Felipe de Neri fue canonizado sin mediar milagro.

3- “San” Josemaría fue canonizado sin la “santidad de vida”.

 

***

VER TAMBIÉN:

 
- Un chiste muy bueno sobre el Opus Dei

- Un chiste sobre el gran pecado de soberbia del Opus Dei: “Padre Nuestro…”, por GALLEGO & REY

 

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EL OPUS DEI, INVESTIGADO POR ROMA: Benedicto XVI ordena a dos visitadores canónicos examinar la Prelatura

Publicado por opusvalladolid en Enero 21, 2008

Fuente: RD Religión Digital Lunes, 21 de enero 2008

¿Se acabó la buena estrella de la Obra en Roma? Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Maciel, fuese apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.  La investigación sobre el Opus, conocida eclesiásticamente como visita canónica, será realizada por dos visitadores, uno italiano y otro español.

En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental, entre otros cargos. En Roma, se especula que la visita canónica vaticana tiene que ver con estas y otras actividades “sospechosas”.

La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa.

Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa Juan Pablo II en sus dos grandes operaciones: la desactivación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus Dei estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.

Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas. La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por medio centenar de exsocios hace un año. Ahora, el Vaticano investiga a la Obra.

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El calcetín de Mons. Escrivá de Balaguer en ‘El Rincón’, Tordesillas

Publicado por opusvalladolid en Diciembre 20, 2007

Calcetî de Escrivá de Balaguer

 Publicado originalmente en OpusLibros.org 

En la Casa de Retiros El Rincón en Tordesillas (Valladolid, España) en la zona de invitados, se encuentra un insospechado tesoro que, tal vez, pueda pasar desapercibido para quien no esté muy versado en la trascendencia de lo pequeño: un calcetín utilizado por Mons. Escrivá de Balaguer sacerdote, teólogo, fundador, primer presidente general del Opus Dei y… santo.

Esta joya, este auténtico receptáculo de piedad, esta reliquia valiosísima está colocada en una sobria urna de fina madera en un lugar principal de la zona “vip” de la casa. Cuenta con una cartela explicativa con el siguiente texto:

Calcetín
Utilizado por nuestro Padre
Roma 6 – 10 – 2002

Calcetî de Escrivá de Balaguer

Pueden apreciarse las iniciales del santo fundador delicadamente bordadas en gris: EB. Ignoro en que circunstancias Mons. Escrivá se desprendió de este objeto y si los fieles de la prelatura personal habrán podido conservar el particular aroma que desprenden habitualmente estas prendas o si habrán optado por darle un agua. Quizá prefirieran conservar el bonus odor de Escrivá de Balaguer.

***

Más sobre ‘reliquias’:

Se le idolatra hasta el paroxismo, capítulo 13 de ¿Alguien sabe qué es el Opus Dei?

El oratorio de san José y las reliquias de san Severino

La turbosantidad del fundador del Opus Dei, capítulo 1 de El santo fundador del Opus Dei

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Como coaccioné para que una adolescente, se hiciera del Opus Dei

Publicado por opusvalladolid en Octubre 30, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Madreselva

Buenos días buena gente!

En un intento de esclarecer la verdad de los hechos, hoy voy a contaros como “pitó” conmigo, es decir, pidió su admisión al Opus Dei, la única persona a que coaccioné para que entrara en la Obra (y no diré “gracias a Dios”, aunque sea la única, pues esta responsabilidad sigue pesando sobre mi conciencia).

Vivía en un club de bachilleres. El grupo al que impartía formación, eran chiquitas de lo que antes era COU, es decir, 17-18 años. Varias se habían hecho ya numerarias los años anteriores, desde los 14. Eran una monada de crías, simpáticas y nobles como ellas solas. Yo “amigué” con una niña, de su misma clase del cole y amiga del resto, que en pocos meses pasó a convertirse en un “objetivo pitable”. Aunque a mis 22 me sentía casi su madre, pues ella tenía 17 (fi-ja-te-tú), teniamos muy buen feeling. Mi “pitable” en cuestión, era una empollona obsesiva. Tenía unos ragos de perfeccionismo académico, que le hacían sufrir y llorar frente a los notables acaecidos en su expediente. También era una niña de una inseguridad enfermiza. Pero era todo corazón y tenía unos padres con bastante pasta.

Total, que cada cual analice las causas posibles, pero desde la dirección del centro me dijeron: “a por ella”. Y fuí a por ella: ¡mi primera pitable real!. Fíjate que ilu. Total, que un día, encontrado el momento propicio, le casqué el consabido “tienes vocación de numeraria al Opus Dei, es una predilección especialísima de Dios por ti, tienes la oportunidad de hacer con tu vida lo más grande de este mundo”, etc, etc, todos argumentos de lo más disuasorios. Se me puso a llorar, pues la pobre veía acercársele el marrón desde hacía tiempo, y no paró en semanas. Entonces yo me empecé a preocupar. La vi tan agobiada, desborda por una situación, que cualquiera con las mínimas nociones de psicologías comprendería que le quedaba grande… que empecé a informar a los directores para que desmontaran “el sarao”, pues no consideraba muy festiva ni abocada a un final feliz dicha la situación. Yo tenía 22 años. Una pipiola, aprediz del “verdadero arte proselitista”. Y cuando me di cuenta de que mis dires, la dire del centro y el sacerdote, no parecían notar nada extraño, inadecuado en la situación… renuncié a mis propios criterios, siguiendo docilmente los de la dirección (me había vuelto una experta en semejantes docilidades, que aparcaban mi uso de la libertad y la responsabilidad. Era sin darme cuenta, una marioneta encantadora).

Así seguí, y seguí con saña, convencida de mi misión divina, mientras esta niña se iba derrumbando psicológicamente ante mis argumentos “invencibles”. Y llegó el día de escribir la carta para pedir la admisión. Mi pitable lloraba frente al papel. Y la escribió del siguiente modo, diciendo: que, no, que no la escribo. (Al minuto), que si. (Al otro minuto), que no, que no puedo… así alternativamente, en lo que resultaba un triste espectáculo y todo ello sin dejar de llorar. Y yo venga, erre que te erre. Solo me faltaba escribirla por ella. Como cualquiera puede comprender, una decisión del calado de entregar una vida no “vale” tomarla en semejantes condiciones de duda y coacción, por no hablar de las emocionales de la candidata. Una vez firmada la carta, yo ya muy preocupada, fuí a hablar con la directora para explicarte cómo había firmado, que pensaba “que la había coaccionado siguiendo sus intrucciones” pero eso no me “sonaba” que fuera el espíritu de la Obra. Y cual fué mi sorpresa cuando me di cuenta, que tanto directora como sacerdote, no prestaron la menor atención a mis inquietudes, dándome una palmadita en el hombro por mi “buen” trabajo, y más contentos que unas pascuas. Me dijeron que no me preocupara, que todo estaba fantásticamente bien. Y reconozco que su tranquilidad, contagió pronto mi conciencia y si hubiera tenido oportunidad, habría actuado igual con la siguiente. Eso si: con menos escrúpulos.

No sé qué habrá sido de esta muchacha. Al año siguiente, abandonó la casa de sus padres para irse a hacer el centro de estudios a otra ciudad. Era extremadamente compleja de cabeza, inestable emocionalmente y sufría mucho por la educación que había recibido y su carácter. Ojalá dejara pronto la Obra, o en su dirección alguien tuviera la caridad de decirle que “no era lo suyo”. Solo se, que con lo vulnerable que me pareció, los años que estuviera dentro (quizá aún lo está, no lo se) tuvieron que desequilibrarle necesariamente un montón. Una vocación tan exigente y perfeccionista como la de la Obra, era justo lo que no necesitaba.

Y bueno… yo tuve responsabilidad inegable en este estropicio. La anulación de mi libertad interna, se que me exime en buena parte, pero era una persona adulta, pacté con una actuación inadmisible.

¡Así pitan algunas personas!, es mi vivencia. Besos para tod@s,

Madreselva

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Superstición y vudú en la opus de Dios

Publicado por opusvalladolid en Octubre 16, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Satur

A uno le alegra que de cuando en vez se acuerden de Satur, tan simpático, y que se le eche de menos. La verdad es que sigo la página, pero mis meninges ya no dan para más. Las nuevas aportaciones, además, son muy sabrosas (Markus, Gervasio, aceitera aceitera ) y creo que son muchos los que se deben de sumar a este puzzle para completar esa cosa tan rara que se llama Opus Dei.

Porque mira que son raros…

De mí diré que, hace años, ya no tengo ninguna relación con ellos y que mi vida discurre por caminos de sencillez. Estoy muy lejos de esa gente y los miro, y me miro a mí entonces allá dentro, con simpatía, aunque me parecen como un recopilatorio de los Pecos en japonés: un coñazo. Inclusamente de los ex hay gente más pesada que una china vendiendo rosas: como muy preocupados por su salvación y la de los ex que son agnósticos, apóstatas, tralaralas, madres solteras, novias de hombres divorciados, curas en tierra de nadie y gente de mala vida… Aquí, me parece, cada uno escribe de sus cosas y no creo que sea el foro para tratar de ciertos temas. Cada uno es como es, y vive como buenamente puede. Y mejor no andar juzgando, que luego pasa lo que pasa, que uno va de guays y de chulito y un día resulta que lo ves en el coche esperando el verde del semáforo comiéndose los mocos. Pues eso.

Lo que más gracia me hace de la gente de la opus, y de algunos bastantes ex con el ramalazo militante, es la seguridad que tienen en las cosas de Dios. Eso sí, reconociendo siempre su condición de pecadores (“no soy ejemplo de nada”, “soy el que más falla” -afirman- Y uno se pregunta, “¿Qué fallas el que más?”, dime en qué, criatura. Y te contestan “pues en que muchos días no hago el minuto heroico”, o “en que a veces se me va la vista”… ¡¡¡ jodeeeeer, pues sí que fallas, sí !!!).

Digo que tienen una seguridad pétrea en las cosas de Dios. Es más: Dios está conmigo. Lo que yo digo es asín, y punto. Y lo bueno es que se lo creen. Hay que joderse.

A Dios nadie le ha visto, eso es seguro… bueno, San Josemaría sí, que hasta le decía cuando leía el periódico “¡oye, déjame, porfa!” (no es textual. Textual es más fuerte). Pero los demás ná de ná. Bueno, pues éstos te hablan de Dios como si le conocieran de toda la vida. Y hablan y hablan, y escriben y escriben, y las montan del treinta y tres absolutamente convencidos de que lo suyo es la verdad. No son mala gente, son ciegos que guían a otros ciegos. Porque si les bajamos a la arena donde toreamos todos, están en lo que estamos todos, ni más ni menos.

Se han complicado la vida, que sólo hay una, y de qué manera. Y a Dios en ella. Yo no he visto a Dios, pero intuyo que para llegar a Él no hacen falta tantas zarandajas de normas, charlas, meditaciones, confidencias espirituales, convivencias y mandangas que en la mayoría de las veces no son más que causas de escrúpulos, mentalidades ñoñas, aires de aristócratas del amor y alegrías de corral.

A uno le parece que en las cosas de Dios lo mejor es el silencio: dejarse querer para querer. Lo demás viene solo.

La naturaleza del hombre de grupito -sea el grupito que sea- está constituida en creer fácilmente en las cosas que les dicen que hay que esperar. Si sigues nuestros criterios te irá bien. Es un mecanismo muy cercano a la superstición que muchos pensadores católicos le achacan a ciertas formas de religiosidad. Algunos les llaman “mecanicismos”.

La opus está repleta de ellos: desde los más mecánicos como dar besos a crucifijos, estampas, imágenes y suelos, hasta saludar a ángeles custodios del centro, rodillazos al entrar y salir del centro, pasando por todo tipo de liturgias domésticas como cienes de persignaciones, inclinaciones de cabeza, solitarios paseos peripatéticos rosario en ristre, brazos en cruz , decenas de salmos que se repiten más que un cordero a la chilindrón, y terminando en todos los criterios de modos de vestir, maneras de sentarse, formas de tratar a la familia de sangre o, como nos contaba hace unos días un amigo, vivir el pudor no llevando pantalones vaqueros donde el culete respingón era causa de admiración de sus compañeras en la universidad… ¿Seguro que eran chicas?. Menos mal que estaba al quite el subdirector del centro de estudios y puso remedio. Es que, la verdad, se ve cada culoooooo.

Se me dirá que si todo eso se hace por amor de Dios que por qué está mal. Y tiene razón. Sólo que para hacer todo eso por amor de Dios todos los días hay que estar muy preparado, o estar como un cencerro o, en fin, ser gente muy exagerada: como una lipotimia de Raphael.

Recuerdo que durante unos años hacía la charla fraterna en la delegación con el subdirector de la misma, un chico que nació maduro y con los morros como Angelina Jolie. Total, que  un día le digo “joé, ¿sabes qué me pasa?, pues que me paso el día diciéndole a la gente que la encomiendo, que rezo por ella, y luego, ná de ná, que no me acuerdo. Y me parece que no está bien eso. Y el tío me aconseja, “tranquilo, tú cuando te levantes y beses el suelo dices “me gustaría encomendar de verdad a todos los que les diga hoy que les voy a encomendar. ¡Y ya está!”.

Me pareció una idea cojonuda. Es más, ahora mismo voy y digo “Señor, de aquí a los cinco años siguientes a todo el que le diga que rezo por él, toma nota, que va en serio. Hala, a por otra cosa, mariposa… mejor pon los próximos diez años”.

Esto de los mecanismos suena más a cosa de una pasmosa sencillez, muy lejos del amor, por cierto. Y es que cuando un conjunto de actos, por lo demás perfectamente inútiles e innecesarios al fin propuesto – la santidad en medio del mundo como uno más- se ven coronados por el éxito, el tipo tiende a repetirlos. Y acaba asociando la conducta con el premio. Y termina por creer que en cualquier circunstancia es suficiente con llevar a cabo la conducta para obtener el premio. Y que , incluso, el premio nunca puede conseguirse al margen de ese tipo de conducta. O sea, que si no rezo al ángel custodio para que encuentre aparcamiento, voy listo. Y si le rezo (es que tiene cojones el tema), pues que me sale una plaza en medio de la calle Serrano, ¡y encima es un autobús que sale de allí!, ¡¡¡oleeeeeee!!!.

El premio no es la vida eterna, necesariamente. Puede ser un estar bien consigo mismo, un fruto apostólico que se desea, una virtud que se quiere alcanzar, un milagro que anhelamos.

Conozco un médico supernumerario que receta a sus pacientes la estampa de San Josemaría. No sé, yo no me fiaría de un médico que me endilga una estampa para pedir mi curación. Para eso me voy a un sanador a que me ponga la estampa de San Genaro y me sople en la axilas y me recite el “cura sana, cura sana, cura sana cara de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana”. Supongo que el tal médico habrá repartido miles de estampas y, claro, alguna le habrá salido bien y, hala, a tirar de estampica, por si acaso. Es interpretar lo que es CASUALIDAD como CAUSALIDAD.

Lo que tendría que hacer ese buen médico es ponerse la estampa en el ciruelo, porque por allí el chico no anda muy fino, que se le van las manos al pulpo.

Y si funciona, que avise.

El tema de los mecanicismos roza, cuando no se sumerge, en la superstición y, a veces, parece “vudú”. Es sabido que el vudú piensa que la posesión de un mechón de cabello, unos recortes de uña, un algodón empapado de una gotica de sangre, o unos calcetines que han estado en contacto con un cuerpo, le otorga un poder ilimitado sobre esa persona, incluso provocar la muerte.

Estoy seguro que a más de uno le están viniendo a la cabeza cientos de anéldotas al respecto.

Ya digo, que son muy raricos estos chicos.

Satur

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La libertad en un centro del Opus Dei

Publicado por opusvalladolid en Octubre 4, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Guttemberg

Buenas Xete:

He leído hoy tu respuesta a Heavy publicada el 24 de septiembre con mucho detenimiento.

Coincido contigo en algunas de las cosas que cuentas. Tienes libertad para leer el periódico que quieras, para perder el tiempo en la sala de estar, de ver las películas que quieras sin cortes, salir de copas, ir de botellón, incluso leer opuslibros, etc… Pero creo que te equivocas en el enfoque que le das. Esta libertad no te viene dada por parte de ellos, numerarios residentes del centro, sino que forma parte de la libertad que tienen todas las personas normales que no han adquirido un compromiso para con la Obra. Ellos te pueden “aconsejar” que no veas, leas, hagas determinadas cosas, pero no tienen ningún argumento válido para imponerte que no lo hagas.

Todo esto parte de una raíz muy clara y que dejas entrever en uno de los párrafos de tu escrito: “Pero creo que pertenecemos a dos concepciones distintas de Opus dei”. Ahí está la clave. Tu concepción está basada en una vivencia del Opus Dei desde fuera, sin adentrarte en los misterios que se esconden tras las paredes del centro al que vas. Los que hemos vivido la experiencia desde dentro del Opus Dei (unos más tiempo, otros menos) sabemos lo que se cuece. Cuando estás dentro, ya seas n., agr., o sn., los directores sí pueden imponerte ciertas conductas bajo los argumentos de la obediencia debida, la vocación, el desprendimiento, la entrega, etc.., cosas a las que tú no estás obligado por ser de SR [labor de san Rafael]. Y eso que en mi último año gozaba de cierta libertad que me daba el director de mi centro (gran persona, decir lo contrario sería injusto), para irme a cenar con amigos, salir a tomar algo, hacer ciertos planes que, en condiciones normales, te aseguro no me hubieran permitido hacer. Recuerdo la primera charla del centro de estudios. El director nos dijo algo así como que si teníamos la sensación de que ahí se nos controlaba, que la olvidáramos, que el hecho cierto es que se nos iba a controlar. Así que dejó de ser una sensación para convertirse en certeza. Esto, entre otras muchas cosas, es también el Opus Dei (que tu desconoces).

Salí del opus hace casi 7 años, tras otros tantos dentro, y al principio seguí frecuentando un centro donde vivía un numerario, buen amigo mío (que lo sigue siendo) y pude darme cuenta de la artificialidad, la falsedad con la que aquellos numerarios que no sabían de mi pasado se dirigían a mí, las atenciones que te prestan, y hasta te ríen las gracias si eso puede llevar a que te incorpores a medios de formación, hagas planes, frecuentes más el centro y poco a poco te acerques más a ellos. Te puedo asegurar que gran parte de lo que haces ahora con tu novia (y no me refiero a aspectos de tu vida íntima con ella), con tus amigos, en el centro, con tu familia, no lo podrás hacer si algún día te incorporas al Opus Dei como supernumerario (o numerario si a alguno de los directores de tu centro guay le parece que tienes vocación para ello). Te dirán aquello de que una persona es igual después de pitar que antes de pitar, pero no te lo creas. Profundiza bien en todo ello. Si algún día decides pitar, verás cómo las cosas son de otro color cuando estás dentro que cuando estás fuera.

Por último te haré un pequeño reproche. No te creas que por ser de SR [de la labor de san Rafael] conoces el opus. Puedes conocer ciertos aspectos, el ambiente (viciado e hipócrita casi siempre), ciertas costumbres y modos de hacer las cosas, que será lo que ellos quieren que veas y conozcas. Cuando yo pité, nadie me había dicho nunca que tenía que usar un cilicio dos horas cada día, aplicarme disciplinas una vez por semana, ducharme con agua fría, presentar una cuenta de gastos, renunciar a ciertas aficiones, gustos, dejar amigos a un lado por el hecho de que no dan la talla o no son apostólicamente interesantes, y un largo etc… Si me hubieran contado todo eso, tal vez me lo hubiera pensado varias veces antes de pitar. Así que, Xete, no vayas de guay y de que lo sabes todo, porque creo que aún no te has enterado de la misa la mitad.

Guttemberg

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Eres la IRREPROCHABLE

Publicado por opusvalladolid en Septiembre 22, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Cap.3 de ‘QUERIDA OPUS’

SATUR, 8.12.2004

Una idea sobre ti que mantienes invariablemente pase lo que pase, lo diga quien lo diga, es que eres irreprochable. Mejor: eres LA IRREPROCHABLE. Una institución que se puede aceptar sin reservas, con plena y total adhesión, que cumple todas las condiciones admitidas, ya sea de un modo expreso o tácito, para ser amada. O sea, que juegas a cara y cruz con una canica. Eres perfecta…

Una lástima. Si fueras un pelín más tolerante, si aceptaras que no siempre eres perfecta, que metes la pata, que te equivocas, que estás sometida a las limitaciones que todos tenemos, te iría mucho mejor. Ese modo de ser no te invalidaría, al contrario, te haría más humana -en el sentido que a ti te gusta de “humana como más sobrenatural”. Reconocer eso también te llevaría a decir “bueno, no está exactamente bien lo que se ha hecho, pero de ahora en adelante las cosas se van a intentar hacer de otro modo. Vamos a mejorar esto, esto y esto. Vamos a por ello”.

Lo irreprochable es posible, pero sólo con esa condición de que podemos mejorar en el futuro, de que no es algo acabado, esculpido, inamovible, acortezado, fosilizado… Y esa es la condición que te falta. Más aún, cuando alguno intenta aconsejarte algún cambio en modos de tu espíritu, de tu modo de actuar, en criterios de forma o de fondo sobre la pobreza -te lo tendrías que plantear-, o sobre la formación espiritual que das -también deberías de planteártelo- de los modos de hacer proselitismo… das la callada por respuesta y le metes una patada a seguir, como en el rugby, que lo envías donde el viento da la vuelta… que se lo pregunten a Ruiz Retegui y a tantos otros que pasaron de la planta de la Semana Fantástica del Corte Inglés a Oportunidades de Hipercor en un abrir y cerrar de ojos. Eso sucede por pensar… ¡A quién se le ocurre!: en la opus no hay que pensar nada. En la opus el espíritu es “obedecer o marcharse”.

Mira, la vida es un equilibrio entre certidumbres e inseguridad, pero las certidumbres nunca son absolutas. Hay que revisarlas, definirlas de nuevo, confirmarlas. No se puede decir, de ti ni de nadie: esto es seguro porque lo vi una vez con plena claridad. Las creencias tienen que ponerse a prueba en el tiempo, en el día a día, hay que andarlas. Nuestra conducta -la tuya también- tiene que estar apoyada en razones vitales que la aseguren y confirmen. No vale afirmar, como a ti te gusta repetir, eso de “¡te basta mi gracia!”, negando la naturaleza, el carácter, la forma de ser de cada cual. Negando las “razones vitales personales”. No somos iguales, aunque nos parezcamos.

Te olvidas de que existe una maravillosa posibilidad humana y es la de poder decir “desde ahora voy a volver a empezar”.

Eres la remamangüeva. Ayer me escribía un ex, y me comentaba que todavía no había conseguido cerrar la boca ante el comentario que le hizo uno -uno así como muy preparado y todo un Jefe de planta de la Cosa- cuando leyó la carta que éste había escrito al Perlado de la opus pidiéndole la dispensa de sus compromisos: “eres un sentimental”. Le dijo “eres un sentimental” como se dice “tú eres gilipollas”. Y todo es que el chico había abierto su corazón de par en par sabiendo que se despedía, y lo hacía a su manera. Sangrando.

¿Y ése tío qué quería?. ¿Que le escribiera “vete a tomal pol culo tú, la opus y los cien mil hijos de San Luis y dame ya la dispensa que si no te meto un guantazo que ves a Tía Carmen vestida de Popeye el marino soy…?”… pero no. Era un sentimental, el pobrín. Y el otro un capullo. Y, encima, psiquiatra.

Y es que lo llevas en la sangre, encanto. Leyendo el comentario de este amigo recordé una frase de uno -éste ya no es que sea Jefe de Planta, éste tiene hasta nombre y apellido de calle en Barcelona- que me dijo un día en Roma refiriéndose al subdirector de San Rafael de una delegación “a fulanito lo que le pasa es que tiene sentimientos y sufre cuando hay que apretar para que pite alguien, y es que los de San Rafael tienen que ser tíos muy duros. Si son sentimentales sufren mucho”. Y no le faltaba razón.

Nada. Tú a lo tuyo. A la irreprochabilidad.

Un conocido mío dejó a su mujer y contaba “se acabó con ella, chicos. Llevo días pensando sobre lo nuestro y sabía que algo se había enfriado entre nosotros. Y se lo dije: lo que echo de menos en ti no es tu piel sino tu ropa”. Nos quedamos a cuadros.

Pues contigo es todo lo contrario: lo que se echa de menos en ti es tu desnudez. Hombre, algún fallo tendrás, algún defecto, alguna mancha, alguna cosilla. Y no me vengas, que ya nos conocemos, que los errores son de las pelsonas cuelpos humanos, que sí, que también, pero me parece que tú también tendrías que hacértelo mirar. Un poco.

En la carta de Don Álvaro que nos ha colgado Orejas, por ejemplo, dice unas cosas de nosotros que uno se pregunta si está leyendo a un santo o a un tío con ganas de joderte el resto de los putos días que te queden de vida. Porque da manteca fina para hartarse. Parece que estaba escribiendo y tal, y al llegar a la página de marras, la de los ex, dijo “todos fuera, dejadme solo, que se van a enterar estos… ¡¡¡dejadme soloooo!!!”. Y a zumbarle a la badana.

¿Cómo se puede escribir así, a peso, al buen tuntún, midiendo a todos por el mismo rasero, eso de “si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas”. Sí, hombre sí, y al Barça, y a las Clarisas de Cotatuero, y a mi abuela Dolores que en culo tiene flores.

Y eso de que “se ha puesto el corazón en los encantos de una vida mundana, y en lugar de servir, se ansia sólo triunfar; en lugar de darse, tener; en lugar de Amor, egoísmo; y al fin, en lugar de negarse a uno mismo, se niega a Dios. Entonces, donde había entusiasmo y alegría, aparecen el aburrimiento y la tristeza mala…”.

Pues no, listillo. ¿Encantos de la vida mundana?: suena a “Manual de Urbanidad para señoritas”. Los encantos de la vida mundana los viví contigo, que allí se vive encantadoramente bien. No me fui ni para triunfar, a ver si te enteras, ni pata tener -tú sí que tienes y, además, no das nada gratis, que vas a cobrar hasta el agua bendita en los cursos de retiro, y que no gastas ni en bromas -. Ni me fui para ser egoísta -donde lo era, y mucho, era viviendo como un burgués en cualquiera de tus centros y casas de convivencia, que se vive que te cangas-. Ni abandoné para negar a Dios -tú lo niegas en este texto donde cuesta reconocer que el opus sea del mismo Dios que se supone que tú y yo tratamos. El Tuyo es Jehowa el Terrible.

Y de aburrimiento y tristeza mala, narices. ¡¡¡Joder con el dichoso rejalgar ya, hombre!!!.

¿Pero no te das cuenta de que así no puedes ir por la vida?. ¿De verdad que no lo ves?.

Mira, me he cogido tal rebote leyendo la carta de Don Álvaro que me voy a la calle a hacer una pintada y así me relajo, que es que me pierdooooo.

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Lo que no sabe el Opus Dei

Publicado por opusvalladolid en Septiembre 21, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

C.S. (España), 22-1-2003

Respondo al mensaje firmado por los “kuatro mosketeros” (los del colegio del Opus de Sevilla), del 20-01-2003.

Creo que es bueno que se corra la voz en vuestro colegio -y en todos los del Opus- de la existencia de esta web. Así conoceréis la verdad sobre esta secta.

Yo mismo fui del Opus y profesor de un colegio de la Obra durante 8 años. Y considero que es necesario que todos conozcan los medios que utiliza el Opus Pater para captar numerarios y agregados:

- Cómo se manipula la conciencia de chicos de 13, 14 y 15 años para que “piten” (pues, tal como me decía mi director en aquella época, “cómo va a pitar uno de 20 años, si tiene la conciencia ya formada; es más fácil ‘tratar’ a los de tu curso”).

- Cómo se le dice a uno de esa edad: “chico, tú tienes vocación, aunque no lo veas ahora” (la verdad es que muchas veces que lo dije, yo tampoco lo veía, pero bueno). Y cómo se lava la cabeza con aquello de “¿no querrás ser como el joven del Evangelio, a quien Jesús dijo ‘déjalo todo y sígueme’ y el joven no lo hizo y se fue triste…?” ¡¡¡Qué gran farsa!! Uno tiene que buscar la Verdad, tiene que buscar su vocación por sí mismo, uno tiene que ver su camino y no que se lo vean los demás por él.

- Cómo se presiona a los chicos para que “piten” mediante una estrategia perfectamente diseñada: lo que a mí me decían los chicos con los que trataba, se lo contaba a mi director en la “charla semanal”. Y éste, a su vez, lo exponía en el Consejo Local. ¡¡Vaya forma de manosear a las personas!! Y el Consejo diseñaba una estrategia individualizada para aplicar con aquel chico. Así pues, lo que yo le decía al chico, lo que el sacerdote le decía al chico en la confesión, y los mensajes subliminales que lanzaba el sacerdote en la meditación… todo estaba perfectamente organizado para el chico en cuestión pidiera su admisión en el Opus.

- Cómo, cuando entras, no te lo cuentan todo. Te lo van contando poco a poco para que no te empaches. “Como un plano inclinado…”, decíamos (y supongo que seguirán diciendo). Al principio, no te cuentan lo del extenuante Plan de Vida (o no te lo cuentan entero), tampoco te dicen lo del cilicio ni las disciplinas, ni el Índice de libros prohibidos, ni la ducha fría, ni el proselitismo agresivo que estás obligado a hacer y ha rendir cuentas periódicamente como si se tratara de la Cuenta de Explotación de una multinacional, ni la corrección fraterna (modo de conseguir un “estado policial”), ni el hecho de que cuando trabajes tendrás que dar a la Obra tu sueldo íntegro, ni tantas otras cosas…

- Cómo una vez dentro no puedes pensar por tí mismo: no busques la verdad, te dirán, la verdad ya la hemos encontrado nosotros, y está en las notas que llegan de Roma, en las Constituciones, en el Catecismo de la Obra, en las normas… Tú sólo mueve tu voluntad para hacer lo que el director te “sugiera”, pero no uses tu inteligencia. (Y las mujeres mucho menos, “vosotras no hace falta que seáis inteligentes, basta con que seáis discretas”, decía San Marqués de Peralta).

- Cómo una vez dentro debes obedecer y obedecer: te dirán que “tienes que ver la voluntad de Dios en aquello que te diga tu director”, “obedeciendo no te equivocarás nunca”, “es de mal espíritu contradecir al director”,…

- Cómo te dicen al principio que la Obra sólo obliga en lo relacionado con la vida espiritual de uno, pero no en temas profesionales, etc, etc, y que uno es libre para dedicarse a la profesión que desee. ¡¡ Mentira !! Te “sugerirán” cuál es el trabajo profesional que mejor les conviene que desarrolles (normalmente, profesor de un colegio del Opus). Y cómo debes hacerlo.

- Cómo te dicen que el Opus Dei es de Dios. Ese Monstruo que sólo engendra fanáticos no puede ser de Dios. No es de Dios.

- Cómo tu objetivo principal será hacer proselitismo (hacer que muchas personas entren en la Obra), en vez de hacer apostolado (hacer que muchas personas se acerquen a Dios). Pues para ellos la Obra y Dios son la misma cosa. Y cómo les importan un cuerno las injusticias sociales, y los marginados, y los pobres… “Nosotros somos probres”, te dirán. Pues menos mal que son pobres, porque si llegan a ser ricos… “La pobreza es estar desprendido de las cosas, pero no consiste en carecer de ellas”, dicen. Parece increíble que alguien pueda creerse eso en pleno siglo XXI.

- Cómo te presionarán para que no abandones la Obra. El fundador decía: “Hijos míos, sedme fieles”. ¡¡Sedme fieles a mí, decía, no a Dios ni a la Iglesia ni siquiera a la Obra, no, a él!! Y cómo te diran que la Gracia de Dios te llega a través del Padre, y si abandonas la Obra te separarás de esa fuente de Gracia, y te irás de cabeza al infierno. “Yo no doy un duro por el alma de un hijo mío que tira la vocación por la ventana”, decía el fundador. ¡¡Que gilipollez más grande!! La Gracia viene de Dios, y Dios no la delega, ni la transmite como si fuera un Administrador de una S.A. que delega en escritura pública sus funciones a un Apoderado.

- Cómo, si finalmente consigues irte -que no es fácil- lo pasarás fatal porque tendrás que adaptarte al mundo real (y eso que los de la Obra son “cristianos corrientes”: eso no se lo creen ni ellos). Si lees el libro de Mª Carmen Tapia, verás que cuando ella abandonó la Obra el sacerdote le aconsejó que se pusiera en manos de un buen psiquiatra.

He escrito estas líneas improvisando, de un tirón. Quizás las ideas están desordenadas. Así que, “kuatro mosketeros”, seguid leyendo esta web que explica mejor que yo la verdad sobre esa gran farsa que se llama, erróneamente, Opus Dei.

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La captación en los Colegios del Opus

Publicado por opusvalladolid en Septiembre 18, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

C.S. (España), 22-1-2003

Respondo al mensaje firmado por los “kuatro mosketeros” (los del colegio del Opus de Sevilla), del 20-01-2003.

Creo que es bueno que se corra la voz en vuestro colegio -y en todos los del Opus- de la existencia de esta web. Así conoceréis la verdad sobre esta secta.

Yo mismo fui del Opus y profesor de un colegio de la Obra durante 8 años. Y considero que es necesario que todos conozcan los medios que utiliza el Opus Pater para captar numerarios y agregados:

- Cómo se manipula la conciencia de chicos de 13, 14 y 15 años para que “piten” (pues, tal como me decía mi director en aquella época, “cómo va a pitar uno de 20 años, si tiene la conciencia ya formada; es más fácil ‘tratar’ a los de tu curso”).

- Cómo se le dice a uno de esa edad: “chico, tú tienes vocación, aunque no lo veas ahora” (la verdad es que muchas veces que lo dije, yo tampoco lo veía, pero bueno). Y cómo se lava la cabeza con aquello de “¿no querrás ser como el joven del Evangelio, a quien Jesús dijo ‘déjalo todo y sígueme’ y el joven no lo hizo y se fue triste…?” ¡¡¡Qué gran farsa!! Uno tiene que buscar la Verdad, tiene que buscar su vocación por sí mismo, uno tiene que ver su camino y no que se lo vean los demás por él.

- Cómo se presiona a los chicos para que “piten” mediante una estrategia perfectamente diseñada: lo que a mí me decían los chicos con los que trataba, se lo contaba a mi director en la “charla semanal”. Y éste, a su vez, lo exponía en el Consejo Local. ¡¡Vaya forma de manosear a las personas!! Y el Consejo diseñaba una estrategia individualizada para aplicar con aquel chico. Así pues, lo que yo le decía al chico, lo que el sacerdote le decía al chico en la confesión, y los mensajes subliminales que lanzaba el sacerdote en la meditación… todo estaba perfectamente organizado para el chico en cuestión pidiera su admisión en el Opus.

- Cómo, cuando entras, no te lo cuentan todo. Te lo van contando poco a poco para que no te empaches. “Como un plano inclinado…”, decíamos (y supongo que seguirán diciendo). Al principio, no te cuentan lo del extenuante Plan de Vida (o no te lo cuentan entero), tampoco te dicen lo del cilicio ni las disciplinas, ni el Índice de libros prohibidos, ni la ducha fría, ni el proselitismo agresivo que estás obligado a hacer y ha rendir cuentas periódicamente como si se tratara de la Cuenta de Explotación de una multinacional, ni la corrección fraterna (modo de conseguir un “estado policial”), ni el hecho de que cuando trabajes tendrás que dar a la Obra tu sueldo íntegro, ni tantas otras cosas…

- Cómo una vez dentro no puedes pensar por tí mismo: no busques la verdad, te dirán, la verdad ya la hemos encontrado nosotros, y está en las notas que llegan de Roma, en las Constituciones, en el Catecismo de la Obra, en las normas… Tú sólo mueve tu voluntad para hacer lo que el director te “sugiera”, pero no uses tu inteligencia. (Y las mujeres mucho menos, “vosotras no hace falta que seáis inteligentes, basta con que seáis discretas”, decía San Marqués de Peralta).

- Cómo una vez dentro debes obedecer y obedecer: te dirán que “tienes que ver la voluntad de Dios en aquello que te diga tu director”, “obedeciendo no te equivocarás nunca”, “es de mal espíritu contradecir al director”,…

- Cómo te dicen al principio que la Obra sólo obliga en lo relacionado con la vida espiritual de uno, pero no en temas profesionales, etc, etc, y que uno es libre para dedicarse a la profesión que desee. ¡¡ Mentira !! Te “sugerirán” cuál es el trabajo profesional que mejor les conviene que desarrolles (normalmente, profesor de un colegio del Opus). Y cómo debes hacerlo.

- Cómo te dicen que el Opus Dei es de Dios. Ese Monstruo que sólo engendra fanáticos no puede ser de Dios. No es de Dios.

- Cómo tu objetivo principal será hacer proselitismo (hacer que muchas personas entren en la Obra), en vez de hacer apostolado (hacer que muchas personas se acerquen a Dios). Pues para ellos la Obra y Dios son la misma cosa. Y cómo les importan un cuerno las injusticias sociales, y los marginados, y los pobres… “Nosotros somos probres”, te dirán. Pues menos mal que son pobres, porque si llegan a ser ricos… “La pobreza es estar desprendido de las cosas, pero no consiste en carecer de ellas”, dicen. Parece increíble que alguien pueda creerse eso en pleno siglo XXI.

- Cómo te presionarán para que no abandones la Obra. El fundador decía: “Hijos míos, sedme fieles”. ¡¡Sedme fieles a mí, decía, no a Dios ni a la Iglesia ni siquiera a la Obra, no, a él!! Y cómo te diran que la Gracia de Dios te llega a través del Padre, y si abandonas la Obra te separarás de esa fuente de Gracia, y te irás de cabeza al infierno. “Yo no doy un duro por el alma de un hijo mío que tira la vocación por la ventana”, decía el fundador. ¡¡Que gilipollez más grande!! La Gracia viene de Dios, y Dios no la delega, ni la transmite como si fuera un Administrador de una S.A. que delega en escritura pública sus funciones a un Apoderado.

- Cómo, si finalmente consigues irte -que no es fácil- lo pasarás fatal porque tendrás que adaptarte al mundo real (y eso que los de la Obra son “cristianos corrientes”: eso no se lo creen ni ellos). Si lees el libro de Mª Carmen Tapia, verás que cuando ella abandonó la Obra el sacerdote le aconsejó que se pusiera en manos de un buen psiquiatra.

He escrito estas líneas improvisando, de un tirón. Quizás las ideas están desordenadas. Así que, “kuatro mosketeros”, seguid leyendo esta web que explica mejor que yo la verdad sobre esa gran farsa que se llama, erróneamente, Opus Dei.

Publicado en Casa Aldebarán, Casa El Rincón, Casa Solavieya, Centros Opus Dei Valladolid, Club Anciles, Club Antares, Club Arapiles, Club Carroalto, Club Enol, Club Montauca, Club Niara, Club Pinar, Club Tamaral, Club Tempero, Club Terral, Club Trechel, Clubs y Colegios Opus Dei, Colegio Mayor Los Arces, Colegio Mayor Peñafiel, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Opus Asturias, Opus Burgos, Opus Cantabria, Opus Castilla y León, Opus Dei Castilla y León, Opus León, Opus Palencia, Opus Salamanca, Opus Valladolid, Opus Zamora | Deja un Comentario »

Los “informes secretos” sobre personas del Opus Dei

Publicado por gentedeaquivalladolid en Septiembre 9, 2007

Publicado originalmente en OpusLibros.org

© por ORÁCULO

 

1. Sigo aportando textos que ayuden a comprender mejor la realidad vital e institucional del Opus Dei, que esta web permite ya entrever a través de muchos de sus valiosos testimonios. Una vez descrita la reprobable costumbre de “murmurar” sobre la vida de los fieles de la Prelatura, que institucionalmente asumen los Directores por causa de su oficio y del locuaz silencio que lo caracteriza, deseo presentar algunos textos de la Instrucción para los Directores, donde puede verse el origen de tan detestables “hábitos institucionales”. Me refiero a los números 70, 71 y 72, de la mencionada Instrucción, y a las respectivas notas de Álvaro del Portillo sobre esos puntos, que son las notas 97 a 101. Publico los textos como Apéndice, al final de estas líneas de presentación.

 

Esos textos permiten comprender la práctica en sí misma y la intencionalidad con que fue propuesta en sus orígenes. No obstante, después de varias décadas de funcionamiento, de ese núcleo embrionario ha brotado una gran agencia de información, capaz de “burocratizar” hasta lo más íntimo de las personas -reléase, si no, el informe sobre un Numerario publicado anteayer- y de poner todo al servicio de la institución o, más exacto, al servicio de los proyectos y de las ideas de la nomenclatura que la maneja y la dirige. Por aquí se entiende mejor cuál es el poder del Opus Dei como institución y cómo se concreta de facto la finalidad de su Prelatura.

 

Al considerar la dirección espiritual como una función propia de gobierno, de un gobierno fuertemente centralizado y piramidal, es fácil deducir que toda la organización funciona como una gran “agencia de inteligencia”. A los Directores les llega toda la información de conciencia de los miembros de la Obra y allegados. Y tales conocimientos, tanto de fuero externo como interno, se materializan en “informes” escritos -aparte la información oral- que son informes secretos, trasmitidos hacia arriba en la escala de mando. Y lo peor es que su “veracidad” jamás se discute, como tampoco se aceptará jamás la discusión de sus contenidos -aun infamatorios- según las reglas del derecho. He aquí por qué “eso” es murmuración. ¿Tendremos que añadirle el adjetivo de “santa” para su purificación? Suena casi a blasfemia: desvergüenza indecente, sí que lo es.

 

2. Las inquietudes de un hombre de negocios o de un político, las preocupaciones de los sacerdotes diocesanos, lo que pueda oír la limpiadora de cualquier curia, o el conductor del automóvil de un político o de un Obispo, o un familiar próximo, o alguien cercano a la familia, el camarero del restaurante, etcétera, todo eso llega, de todo se toma nota o se juzga, y todo se recoge como el agua en los embalses. Es más, tratándose de Obispos, está indicado que todo miembro de la Prelatura que tenga algún contacto directo con la jerarquía debe redactar un escrito detallado para entregarlo a los Directores, sobre todo si en las conversaciones ha sido mentado el Opus Dei. Y, si esa persona no es capaz de redactarlo, se encarga de hacerlo quien recibe su charla de “dirección espiritual”.

 

De este modo los Directores nacionales y centrales del Opus Dei retienen información abundante sobre cada Obispo, por ejemplo, como un discretísimo “servicio de inteligencia” en el seno de la Iglesia, que va dejando constancia de todo y centraliza la información. Después, no es difícil diseñar una “política de relaciones públicas” para en cada momento promover la imagen que conviene o hacer pensar a otros lo que interesa. Y, al igual que con los Obispos, sucede lo mismo con casi todo.

 

Como el gobierno de la institución influye en sus miembros a través de la dirección espiritual, es fácil servirse de ella para actuaciones institucionales interesadas, al modo de los grupos de presión. Esto ha ocurrido en política, en finanzas, en medios de comunicación y en otros ámbitos profesionales, y ocurre también en el seno de la sociedad eclesiástica. Ése es el “poder del Opus Dei”, que algunos dicen, sea en el Vaticano o en las curias eclesiásticas, en la política, en la educación o en las finanzas: algo muy distinto de la fuerza transformadora de la oración de los santos, a veces difícil de calibrar. Y así los límites entre organización de servicio y organización de poder se tornan muy borrosos y sutiles en la práctica. La supuesta finalidad estrictamente espiritual de la Prelatura se diluye por excesivamente “encarnada” en las conveniencias del momento.

 

¿Estoy exagerando? De ningún modo, y aún es probable que me quede corto. El reciente testimonio de Eugenio Trías -numerario del Opus Dei entre 1960 y 1963- en su “autobiografía” El árbol de la vida. Memorias (Barcelona 2003) resulta ilustrativo, porque escribe desde la distancia de los años y del discurrir de la vida, sin animosidad ninguna, y en relación con fechas y actuaciones que comprometen directamente al Fundador de la institución. Copio uno de sus párrafos:

 

Durante las mañanas, en el piso de “Stadtwaldgürtel”, casi en las afueras de Colonia, ayudaba al secretario de la Institución en Alemania. Recuerdo que no paraba de hacer fotocopias; por mis manos pasaban las disposiciones que venían de Roma y que se distribuían por las distintas “regiones” de la Obra. Fue allí donde descubrí alguna circular que me llenó de zozobra, o que comenzó a sembrar en mi cerebro las semillas de la duda. En particular me produjo verdadero escándalo un volante en el que se hacían una serie de recomendaciones a los socios que llegaban a ocupar cargos públicos o puestos políticos. Se les instigaba a que tuvieran consideración prioritaria, con el fin de cubrir plazas vacantes o puestos, por socios del Opus Dei o afines, o como mínimo por cooperadores o personas doctas o próximas. Prácticamente se alentaba a ese enchufismo (hoy hablaríamos de “tráfico de influencias”) que todos los enemigos de la Obra, que eran legión, entre otros mi propio padre, le reprochaban amargamente.

 

Por esta vez los enemigos parecían tener razón. Leí el documento sin dar crédito a lo que mis ojos veían. Y si en esto acertaban los enemigos, ¿les iba a faltar razón en lo demás? ¿No sería la Obra una siniestra maquinaria inventada para la conquista del poder que se aprovechaba de regímenes dictatoriales como el franquista, donde no habían partidos políticos, para actuar al modo de un poderosísimo “lobby” (o en forma de un “grupo de presión”, como de forma algo eufemística se decía entonces); y en el que, además, confluían las fuerzas más reaccionarias del espectro político? (pp.240-241).

 

Ésta es la experiencia y el recuerdo de Trías. Pero significativo es también que por esas fechas, en 1963, es cuando Hans Urs von Balthasar manifestó su opinión en la prensa internacional sobre esa “nueva fuerza” emergente en la Iglesia, que entonces era el Opus Dei. En su artículo El Opus Dei: integrismo católico, publicado en Neue Züricher Nachrichten-Christliche Kultur, puede verse que no sólo diagnosticó certeramente las deficiencias antropológicas de Camino y de su teología espiritual, sino que también parece conocer bien los modos institucionales de acción, como podía esperarse de un pensador tan riguroso. No consta que haya rectificado esos juicios, aunque el boca a boca sotto voce entre algunos fieles de la Prelatura diga otra cosa, siempre entre vaguedades: “Pero me suena que este hombre cambió de opinión luego… se habló con él, ¿no?”, dicen algunos. Que se intentó que así fuera es cierto, pero no consta que lo hiciese. ¡Cómo va a “rectificar”, si su juicio era certero!

 

3. En fin, no deseo distraer ahora mi atención fuera del tema propuesto. Pero, si se miran las cosas así, los problemas actuales del Opus Dei se concentran en la acción de un reducido colectivo que apenas llega a unas 200 personas: aquellas que integran el núcleo duro de las “confianzas mutuas” seguras, que son quienes “manejan” a muchos otros -en el peor de los sentidos- por un motivo supuestamente sobrenatural, que a su vez justifica y mantiene las adhesiones. Pero en esto sucede -como en todas las estructuras totalitarias- que las aparentes unanimidades firmes se deshacen como un azucarillo cuando la represión pierde su capacidad de coacción o cuando los intereses convergentes dejan de ser tales o, sobre todo, cuando por gracia de Dios cae de los ojos la cándida venda de la ingenuidad de muchos. Y todo esto es un motivo de esperanza.

 

En parte, la irritación

 

de algunos contra opuslibros proviene del hecho de poner la verdad al desnudo y proyectar luz sobre las sombras de sus desconfianzas. Y, por eso, algunos Directores “mayores” comienzan a ser conscientes del deterioro interno. Pero su consecuencia inmediata es que se agudiza entonces la separación entre los diversos grupos o niveles “de confianza” trasmitiendo las opiniones del mando: de un lado, los Directores de Centros y, de otro, los demás miembros. Con bastantes ya no se cuenta para casi nada: en cambio, comienza a aparecer una “guardia pretoriana de talibanes” de nuevo cuño, laicos y sacerdotes de limitada experiencia, los nuevos “guardias de la revolución”, cuya debilidad está en su ignorancia y en la rigidez de su fanatismo. Por supuesto, se sigue dando la impresión de crecimiento o de expansión apostólica, y ahora se habla -sobre todo en España- de los muchos Numerarios o sacerdotes que van a salir o están saliendo al extranjero. ¡Qué sarcasmo! No pocas veces los “lejanos países” son el allende la Prelatura, pues opuslibros

está contribuyendo al “crecimiento” de la higiene mental de muchos. Ésta es la situación, a mi parecer.

 

Y algunos -de “dentro” o de “fuera”- siguen pensando que la solución a los problemas ha de venir de los actos del poder, siempre desde arriba. Aquí serían decisiones de los jerarcas de la Iglesia, ya que en el horizonte no parece despuntar una regeneración interna. Pues no diré que no, y ojalá en este caso fuera así, porque facilitaría mucho las cosas. Sin embargo, tampoco debería olvidarse la perspectiva de que, en sus desconocidos planes sobre la historia, a veces la Providencia divina deja hacer al mal por algún tiempo, los tiempos en que el trigo y la cizaña han de crecer juntos.

 

Por eso, pienso, no hay mejor camino para la liberación de las conciencias que una sólida formación teológica y moral, asentada en la fe apostólica: esto es lo único seguro. De este modo, “dentro” o “fuera” de la institución: ¡qué más da!, uno siempre estará en condiciones de colaborar al bien donde se haga y con quienes lo hagan, de evitar hacerse cómplice del mal allí donde se practica, y sobre todo de quedar libre o “liberado” de caudillos, salvadores o libertadores de ocasión, porque sólo a Dios se llama Padre, como enseñó el divino Maestro. ¿Se atreverá alguien a calificar esto como actitud de soberbia? No lo sé. Para mí es una muestra del legítimo orgullo de saberse hijo de Dios.

 

 

 

 

 

APÉNDICE

 

 

 

Instrucción para los Directores de 31 de mayo de 1936

 

 

 

en Instrucciones del Padre. (Edición completa). Notas de Álvaro del Portillo. Volumen I

 

 

 

(Roma 1967) pp.303-307

 

 

 

A) Los números 70,71,72 de la Instrucción

 

 

70 [303] Conviene que todo lo que pase esté reflejado brevemente en el papel. ¡No es tanto el papeleo, no [304] es tanto! Las cosas externas ya quedan en el diario de la casa. En cambio, las fichas que yo os pido son más íntimas.

 

Así los Directores no se olvidarán de dar a conocer lo que deba ser conocido por la Comisión; y de otra parte, estando todo escrito, evitáis que se produzca perturbación en el funcionamiento de la casa, cuando otro haya de ocupar vuestro cargo.

 

No descuidéis, por tanto, vuestro fichero: el tener que redactar esas notas breves, os hace pensar más seriamente, con objetividad. El Señor no suele negar sus inspiraciones, para ver bien lo que hasta entonces no se veía claro. Y las fichas personales, al dar a conocer mejor a la gente, facilitan los medios que contribuyen a la formación, a la santificación de cada uno.

 

71 En todo caso, jamás hay en estas fichas nada que pueda suponer difamación, puesto que no es ése el espíritu de la Obra, que es espíritu y modo de familia cristiana, en la que habrá siempre mutua confianza.

 

Este fichero personal del que vengo hablando, se asemeja más bien al que tiene un buen médico [305] en beneficio de sus clientes. Y, en este caso, los clientes vuestros son muchas veces vuestros hermanos; y muchísimas más, aunque no sean vuestros hermanos, son almas que amáis in visceribus Iesu Christi (Philip. I, 8).97

 

Las fichas personales de la gente joven salen solas, si se anota, cada vez que surja, algo que merezca la pena hacerlo consignar -hay que poner la fecha siempre-, y después de alguna charla con el interesado.98

 

[306] Conviene repasar, con una determinada frecuencia, esas fichas personales, para reparar cualquier omisión; y además, porque no debéis olvidar que está bien lejos de nuestra manera de obrar, poner a nadie una etiqueta para toda la vida. Anotad también en esas fichas las circunstancias familiares, profesionales, talento, aptitudes, aficiones, etc. Así podréis informar, cuando sea oportuno, a la Comisión Regional.99

 

72 Finalmente, tened un fichero, lo más completo posible, de las visitas que hagáis a las autoridades -siempre de acuerdo con la Comisión-, y de las amistades de la casa y anotad el trato que tenía con cada uno, para no dejar que ninguna de esas amistades se enfríe. Que en la ficha quede nota de las atenciones que ellos tienen con vosotros, y vosotros con ellos: podéis hacer una buena labor espiritual.100

 

[307] No dejéis de completar este instrumento con el fichero ya tradicional que llamamos de santos: se compone con fichas que se encabezan con la fecha de cada día del calendario, y, en cada una, se anotan los nombres de los amigos que en esa fecha celebran su fiesta. Todos estos ficheros estarán solamente en manos de los miembros del Consejo local.101

 

 

(97) [305] Queda bien claro el objeto de estos ficheros personales: poder ayudar mejor a nuestros hermanos, seguirlos con eficacia, como sigue un buen médico a sus clientes, y estar en condiciones de informar cuando sea oportuno a los Directores Regionales, o éstos a los del Consejo General. Pero no está de más fijarse en que el Padre insiste, con palabras fuertes, en que esas fichas no pueden contener nada que sea difamación: nada que pueda suponer difamación, afirma. Hay que redactarlas con la máxima delicadeza, con objetividad y con cariño; nuestro Fundador suele decir que han de hacerse de tal modo que, si las leyese el interesado, su reacción fuera ésta: levantar el corazón a Dios, para dar gracias por el desvelo paternal que con él tienen sus Directores.

 

Aunque la existencia y el contenido de ese fichero están comprendidos en el silencio de oficio (cfr. n. 72), no debe de ordinario anotarse nada que -de una manera o de otra – no sea ya conocido por el interesado, por su propia experiencia o porque se le ha indicado a través de la corrección fraterna, de la Confidencia, etc. Por eso el Padre habla de la mutua confianza que hay siempre en la Obra, también a propósito de estos detalles.

 

(98) Aclara el Padre que esas anotaciones hay que hacerlas especialmente para los que están en la primera formación, y en los Centros de Estudios: y también, después, con alguno que haga cosas notablemente raras o excéntricas, pero siempre con el criterio de caridad y justicia que ya se ha comentado (cfr. nota 97).

 

– Cuando se trata de chicos de San Rafael, de Cooperadores, etc., es muy interesante consignar en fichas su asistencia a los medios de formación, la correspondencia que con ellos se tiene, la ayuda que prestan, etc. De este modo, [306] aunque cambien los Directores, será muy fácil mantenerlos en contacto con nuestra labor apostólica, y hacer que aumente con el tiempo y se consolide el cariño que tienen a la Obra, que no es ni debe ser nunca sólo amistad con determinadas personas de nuestra Familia (cfr. Instrucción, 9-I-1935, n. 206).

 

(99) Al informar, con estos datos, a la Comisión Regional, recuerden los Directores su especial obligación de señalar a los que tengan especiales aptitudes, para ocupar determinados cargos, o para desarrollar especiales apostolados en la Obra (cfr. la nota 11 de esta Instrucción).

 

(100) Se trata del apostolado de la amistad, que hay que hacerlo no de un modo desordenado, ni dejándose llevar por caprichos, sino con orden sobrenatural, y con motivos y fines también sobrenaturales. Por eso es necesario el fichero, para que no se atienda sólo a los que sean más simpáticos a los Directores, sino a todos, en la forma debida. Apostolado de amistad, específico [307] de la Obra, que el Padre ha hecho desde el comienzo de la labor. Recuerdo que, cuando terminó la guerra española y se pudo trasladar a Madrid, prácticamente todos los días había personalidades eclesiásticas almorzando en casa: no nos hemos de limitar naturalmente a las personalidades eclesiásticas; pero, en aquellas circunstancias, ese apostolado de la amistad era necesario para salvaguardar la Obra de las calumnias que esparcían algunos, de los que el Padre piadosamente decía que obraban “putantes se obsequium praestare Deo.

 

(101) El fichero que llamamos de santos es, como recuerda el Padre, tradicional en nuestra Obra: cfr. Instrucción, 9-I-1935, n. 207 y nota 136. Naturalmente, no se trata tan sólo de una cuestión de urbanidad, de humana cortesía; sino de delicadeza espiritual. Todos agradecen las atenciones que se tienen con ellos, y más cuando ven que se hacen por un motivo noble y sincero, sobrenatural: se debe además tener en cuenta que hay quienes se molestan, y pierden la amistad, aun siendo buenas personas, si no se les recuerda en fechas determinadas.

 

– Este pasaje de la Instrucción nos da ocasión de agradecer que la Obra, además de ser divina, sea muy humana.

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