
La verdadera historia de Encarnación Ortega Pardo, testimoniada por Maria del Carmen Tapia. Extractos del libro: TRAS EL UMBRAL, una vida en el Opus Dei (1992):
Maria del Carmen Tapia nació en Cartagena (España) en 1925. En 1960 adquirió en Caracas la nacionalidad venezolana, que conserva. Creció y se educó en Madrid. Entró en el Opus Dei como asociada numeraria en 1948. Vivió en las casas del Opus Dei en España hasta 1952, en que fue llamada a Roma para trabajar directamente a las órdenes de monseñor Escrivá. En 1953 fue nombrada en Roma superiora de la Asesoría Central de la sección de mujeres, donde trabajó también como primera directora de la imprenta del Opus Dei. En 1956 fue destinada a Venezuela como directora regional de la sección de mujeres. Vivió en Caracas hasta 1965, año en que monseñor Escrivá la llamó a Roma. Desde 1966 no pertenece al Opus Dei. Encarnación Ortega vivió en la sede central del Opus Dei, Roma, desde 1946 a 1965, fue allí donde la conoció Maria del Carmen Tapia.
Maria del Carmen Tapia es y ha sido gravemente calumniada e insultada por las autoridades de la Prelatura del Opus Dei, en público, por el “delito” de haber contado lo que vio con sus propios ojos y vivió en carne propia.
Por ejemplo, en la documentación del proceso de beatificación de José María Escrivá se recoge una declaración textual de Javier Echevarría, en las páginas 610 y 611 del sumario, sobre la persona de María del Carmen Tapia. De ella dijo el actual Prelado del Opus Dei: al cabo de los años intentó la perversión de unas cuantas mujeres con las peores aberraciones. El Siervo de Dios, apenas tuvo conocimiento de algunos hechos, llamó a Carmen Tapia -que estaba en Venezuela- a Roma; aquí le anunció que no volvería a ese país, y por su reacción dedujo que había cuestiones más importantes que las ya conocidas, en las cuales había involucrado a varias personas. Ante tan horrenda depravación (…), dijo a esta mujer que tenía dos soluciones: pedir la dispensa, que se le concedería inmediatamente, o no pedirla, y entonces habría de someterse a un proceso, que sería enviado a la Santa Sede, quedando -como se merecía- completamente deshonrada por su extraviada vida. Aquella mujer pidió la dispensa; y como el Siervo de Dios comprendió que era una persona sin conciencia, le advirtió que si calumniaba a la Obra con su corrupción, no habría más remedio que informar sobre quién era la calumniadora. Hemos sabido que, desgraciadamente, esta mujer ha seguido por esos desastrosos derroteros. A nadie se le escapa la gravedad del asunto y de estas declaraciones en sí mismas.
En cuanto tuvo conocimiento de las declaraciones de Echevarría, la infamada solicitó del actual Prelado del Opus Dei una pública rectificación de esas declaraciones, por calumniosas. Pero no consta que éste haya rectificado.
Las afirmaciones de Javier Echevarría, fríamente consideradas, carecen de toda credibilidad, por fuerte que esta afirmación les pueda sonar a algunos: la vida suele tener matices de claros y oscuros que de ningún modo aparecen en su relato. Quienes hemos conocido al famoso Fundador en carne mortal sabemos que ni era tan “manso” ni era tan “beatífico” como nos lo pintan, más bien al contrario: eran frecuentes sus altibajos de humor, no pocas veces se mostraba violento, colérico, intempestivo, y con excentricidades hasta lo patológico. Hartos estamos además de una “bibliografía amarilla” sobre el personaje, nada rigurosa ni científica, que lo encumbra por sistema mientras no tiene reparo ninguno en denostar a cualquier otro personaje, sin apenas pruebas ni documentos, si esto beneficia la exaltación de Escrivá. ¡Curioso rasero de verdad y de justicia!
Y, por otra parte, mientras los hechos de la maledicencia no sean públicos y demostrados, uno tiene la obligación -siempre y en toda circunstancia- de respetar la fama y el buen nombre del prójimo. O sea, en principio y por principio, Carmen Tapia tiene razón en sus quejas y reclamaciones, pues no constan por ningún lado las supuestas perversiones. Y, si Javier Echevarría desea mantener en pie su “historia”, debería probarla ante los hombres con algo más que palabras, al margen de que en su momento el juicio divino le pida estrecha cuenta de sus dicterios tan ofensivos.
Se ve, claramente, que el Opus Dei -con el Prelado a su cabeza- no tiene ningún escrúpulo a la hora de falsear la realidad de las cosas en su propio beneficio, incluso, destruyendo a personas por el mero hecho de hablar con libertad.
Ahora, el Opus Dei, tomando excusa en que la Prelatura es “estructura jerárquica” análoga a las diócesis, monta procesos de beatificación por su cuenta, en tribunales que ellos preparan, sin control de nadie… ¡Y ya sabemos cómo suelen proceder! Ellos preconstituyen los hechos para las tales beatificaciones de sus miembros (igual que hicieron con su Fundador), según necesiten. Piénsese en las multitudes de misas de aniversario “organizadas”, que luego se venden como devoción espontánea.
Hoy por hoy, quizá el caso más sangrante sea el de Encarnita Ortega, fallecida en Valladolid: según el Código de Derecho Canónico, el proceso debería instrumentarse en los tribunales de esa diócesis. Pero he aquí que, sin encomendarse a nadie, se lo llevan a un tribunal constituido ad hoc por la Prelatura.
No parece que todo este modo de proceder sea muy sobrenatural ni se tome a Dios en serio. Es un verdadero escándalo. Por todo esto ofrecemos el testimonio de Maria del Carmen Tapia sobre Encarnación Ortega Pardo, para completar la información propagandística y falsa que el Opus Dei de Valladolid ofrece de ella.

Imagen: Encarnita Ortega (a la derecha de la fotografía) con otras numerarias, Mons. Escrivá y Mons. Del Portillo en la sede central del Opus Dei, 1965.
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