Archivos de la categoría ‘Enfermos Opus Dei’
Publicado por opusvalladolid en Marzo 19, 2008
Hola a todos y ¡Feliz Pascua!.
Os envío el escrito que como ya os dije, una persona de gran prestigio llevará en mano a Roma, junto con unos cuantos testimonios nuestros, de forma que se vaya sabiendo de primera mano cómo la teoría y la praxis en el Opus Dei llevan caminos absolutamente opuestos y destrozan vidas.
Quien quiera adherirse a él, ha de enviarme a carmencharo@euskalnet.net su nombre completo, pais, número de identificación personal, condición y fechas de pertenencia en la obra.
Estos datos no los sabré más que yo y la persona que lleve a Roma el documento, y una vez enviados serán borrados de todos los archivos, de forma que por lo menos por mi parte, quede a salvo la absoluta confidencialidad de cada uno.
Gracias de antemano por dar la cara y contribuir a que salga a flote la verdadera cara del Opus Dei. Y para los directores que nos leen, esto no es una campaña contra nada, sino algo que vosotros mismos debiérais hacer si buscais la gloria de Dios.
Un fuerte abrazo para cada uno.
Carmen Charo
***
ESCRITO DE DENUNCIA PARA EL VATICANO
19 de marzo de 2008
Ciudad del Vaticano
Su Eminencia Reverendísima
Los abajo firmantes todos cristianos bautizados en la Santa Madre Iglesia Católica, nos dirigimos de la manera más atenta y respetuosa a su Eminencia, para poner a su amable consideración una serie de puntos a propósito de la próxima Visita Apostólica que se realizará a la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei.
Nosotros pertenecimos en su momento a la Prelatura y por diversas circunstancias nos vimos obligados a abandonar la institución, aunque a un buen número de firmantes se les obligó a abandonarla después de años de dedicación y trabajo en los apostolados que lleva a cabo el Opus Dei.
Nuestras experiencias vividas durante el transcurso de tiempo que duró nuestra pertenencia a la Obra, nos da un conocimiento más amplio del funcionamiento interno de la misma, así como el señalar con mucho dolor, por las implicaciones que estos hechos tienen en las almas, los procedimientos llevados a cabo para la captación de los miembros y la forma de vida y praxis que se desarrolla en la institución.
Podemos asegurarle que hemos aprendido de las enseñanzas de los Santos Padres Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y actualmente de su Santidad Benedicto XVI felizmente reinante, el respeto a la libertad de conciencias, en el marco de los Derechos Humanos como síntesis de la teología moral natural y la teología moral católica, las cuales son constantemente violentadas por la praxis llevada a cabo en la Prelatura Opus Dei.
Resumimos a continuación para la consideración de su Eminencia Reverendísima los aspectos que consideramos deben ser observados por los excelentísimos Visitadores Apostólicos:
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Publicado por opusvalladolid en Enero 21, 2008
Fuente: RD Religión Digital Lunes, 21 de enero 2008
¿Se acabó la buena estrella de la Obra en Roma? Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Maciel, fuese apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas. La investigación sobre el Opus, conocida eclesiásticamente como visita canónica, será realizada por dos visitadores, uno italiano y otro español.
En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental, entre otros cargos. En Roma, se especula que la visita canónica vaticana tiene que ver con estas y otras actividades “sospechosas”.
La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa.
Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa Juan Pablo II en sus dos grandes operaciones: la desactivación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus Dei estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.
Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas. La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por medio centenar de exsocios hace un año. Ahora, el Vaticano investiga a la Obra.
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Publicado por opusvalladolid en Enero 21, 2008

Por Alberto Moncada
MADRIDPRESS.COM
Según informaciones fiables, la Santa Sede ha decidido abrir una investigación sobre la naturaleza y actividades del Opus Dei, meses después de que fueran investigados los Legionarios de Cristo, cuyo Fundador y Presidente, el padre Mercier, fue apartado de su cargo y recriminado por sus conocidas actividades pederastas.
La investigación sobre el Opus, conocida como Visita canónica, será realizada por dos Visitadores, uno italiano y otro español. En bastantes ocasiones, el Opus ha sido criticado, dentro y fuera de la Iglesia, por su extremado secretismo, sus actividades proselitistas con menores de edad, y sus peculiares formas de confundir la dirección espiritual con la confesión sacramental., entre otros cargos.
La peculiar estructura canónica del Opus, su carácter de Prelatura personal, le permite no dar explicaciones a los obispos territoriales sino directamente al Papa. Ello ha hecho posible que los directivos de la institución hayan podido gozar de una libertad ilimitada en la conducción de sus negocios, en virtud de las buenas relaciones que sostenían con el anterior Papa. Es conocido como el Opus fue utilizado por el Papa polaco en sus dos grandes operaciones, la liquidación del Concilio Vaticano II y la transformación política de los países comunistas. De hecho, el Opus estuvo bastante implicado en la ayuda económica que recibió de Roma el Sindicato polaco Solidaridad.
Pero el Papa actual, aunque también conservador, no tiene particulares lazos de amistad con el Opus y se caracteriza por una preocupación notable por la disciplina eclesiástica, en todas sus esferas.
La crítica al Opus, interna y externa a la Iglesia, ha sido constante y una de sus expresiones fue la carta entregada al Vaticano suscrita por un centenar de ex socios hace un año.
Esta carta y otras críticas similares están recogidas en la página web: www.opuslibros.org que se ha convertido en un Foro público de discusiones sobre la institución, protagonizada principalmente por miembros y exmiembros de ella, hecha posible gracias a las facilidades que permite Internet.
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Ver también el artículo:
Benedicto XVI es consciente de errores teológicos en el Opus Dei
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Publicado por opusvalladolid en Enero 20, 2008
Querida Agustina [coordinadora de Opuslibros.org]:
He recibido una información de fuentes fiables del Vaticano, según la cual el opus va a recibir una visita canónica. Esto significa que el Vaticano va a investigar al opus. Aún no se han hecho públicos los nombres de los visitadores, se sabe que uno es español y otro italiano, pero la decisión de investigar ya se ha tomado.
Esto quiere decir, en mi opinión, que nuestra carta al Vaticano, junto a otras concausas, que se han recibido y se reciben en las distintas diócesis y que éstas envían a los correspondientes dicasterios de la curia, se están tomando en cuenta. Espero seguir recibiendo información y que otros la consigan.
Un abrazo,
Alberto Moncada
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Publicado por opusvalladolid en Enero 16, 2008
Publicado originalmente en Opuslibros.org
El celibato es un don que Dios concede sólo a unos cuantos, a los que llama a su servicio de un modo muy particular, sea en el monacato o en otras formas de vida consagrada.
Repartir a diestra y siniestra la “llamada” de Dios a una vida célibe es, no sólo sospechoso desde el punto de vista histórico, sino quizá profundamente inmoral. Sin embargo, en el Opus Dei se le “plantea” (sic) la vocación a cualquiera que no sea claramente un subnormal. Es suficiente con unas cuantas manifestaciones de “idoneidad” para producir la “crisis de la vocación” y hacer que los incautos que se acercan a los centros pidan su admisión…
A este propósito comentaba el otro día con un grupo de colegas que el Opus Dei no es una institución elitista, como se suele decir, sino todo lo contrario. Es profundamente popular; es un movimiento de masas que en ocasiones raya en la vulgaridad (en el sentido más pleno de la palabra). En una de las últimas Crónicas que leí este año, alguien le decía al prelado en una tertulia que, con motivo de su campaña para conseguir 500 vocaciones de numerarios en cada región o delegación, “le estaban hablando para pitar a todo lo que se moviera”. Si traducimos esto a un lenguaje menos prosaico, quiere decir que están moviendo a cualquiera que no represente mayores problemas de personalidad, según el baremo vocacional de Escrivá de Balaguer (trazado, por cierto, con un perfil muy bajo) a que viva el celibato apostólico por el resto de sus días.
Pitar, que es la expresión que se emplea en la nomenclatura de la Obra para designar el acto de inscripción como miembro; quiere decir “respuesta a una llamada”, o bien “correspondencia a la vocación”. De ahí que despitar, signifique hacer traición a la llamada de Dios. La consecuencia para la mayor parte de los que despitan es clara: La vergüenza y el remordimiento de “haber dicho que no” a Dios. Y quizá el alejamiento de Él, de Su Iglesia y de los sacramentos.
En una ocasión, cuando yo era director de un centro de san Rafael, le pregunté a un cura que había sido consiliario de España por muchos años, cómo era posible que pretendiéramos los pitajes por decenas. Me respondió: “No te preocupes, si pitan diez y queda uno, pues con ese y otros como él se van sacando adelante las labores. Y así, pitan muchos y quedan unos cuantos, pero sólidos”. “¿Y los que despitan? -pregunté-, “bueno, pues esos le dan gracias a Dios de haber intentado servir…” y añadió: “así se hace en España y funciona”.
Poco importa a los que gobiernan la Obra y deciden los pitajes, si aquellos a los que se les indujo a pedir la admisión incluso en la adolescencia temprana, creyeron en el carácter sobrenatural de la llamada y les quedó una cicatriz imborrable. Los despitajes en muchos países están a la orden del día, y sin embargo, el prelado sigue hablando con una especie de inconciencia o de desprecio por la realidad, de “las quinientas vocaciones”, llegando a convertir el número en cliché.
Considero que esta es la principal causa de muchos malestares en el Opus Dei; su fuente inagotable de inmoralidad, de ofensa grave a Dios. Cierto que muchas otras cosas que hace benefician a las personas. Cuántos no encontraron en sus apostolados el consuelo, la posibilidad de hacer algo por ellos mismos y por los demás. Muchos han encontrado a Dios y se han reencontrado con la Iglesia, gracias a su estancia en Navarra, o a su paso por Tajamar, la Panamericana de México, Piura en Perú, o por los centros de enseñanza de Fomento en España y en muchos otros países. Cierto, pero si ponemos en los platillos de una balanza sus bondades y sus destrozos por medio de pitajes sin consideración ni caridad alguna, creo que el maquiavelismo insitucionalizado jamás encontrará justificación en la moral de la Iglesia de Cristo. Simple y sencillamente porque es contrario la justicia y a la caridad. Y es que los fines, por muy buenos que se pretendan, no justifican los medios cuando estos son contrarios al Evangelio.
Se ha inducido a pitar de numerarios a muchos (¿la mayoría?), produciendo en ellos el temor a la deslealtad y a la falta de fidelidad a promesas y vínculos contractuales de derecho canónico. La mayor parte de las cartas mensuales del prelado giran en torno a los exhortos a la fidelidad y a la perseverancia. Se requiere incluso a las personas para que no piensen, para que “no se compliquen”, pues “la vocación no se toca”. Eso me recuerda a la famosa definición de tabú, que es la prohibición irracional e injustificada de ver, mencionar u oír algo. ¿Por qué no profundizar en las raíces de la supuesta llamada?
Después de tanta gente lastimada y golpeada por pitajes irresponsables; después de la cantidad de personas que sin deberla ni temerla se vieron atrapados en las redes de un discurso seductor sobre una posible “vocación”; después de tanto pitaje sin sentido, creo que a la Obra no le queda sino pedir perdón, retraerse y rectificar el rumbo. Sin embargo, en tono triunfalista, y bajo los efectos enervantes de un relato histórico desfasado de la realidad (jamás se habla de los que se han ido), el mismo prelado grita a los cuatro vientos que necesitan quinientos pitajes de laicos que vivan el celibato, acaso sin considerar la dimensión sacra y vocacional que éste tiene y ha tenido en la historia de la Iglesia.
El resultado está a la vista: se le “habla para pitar a todo lo que se mueva” (sic), sin considerar que aquello que se mueve, puede ser un hijo de Dios que está llamado a servirle de otra manera. En fin, que el Opus Dei se ha convertido en muchos casos en la institución configuradora de vocaciones espurias y de pitajes a granel. Eso es lo que deberían pensar antes de seguir actuando, pues ahí, precisamente ahí, surge la gran duda acerca de la naturaleza de la vocación de numerario.
Misterios de la historia…
Castalio
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Publicado por opusvalladolid en Enero 14, 2008
Autores: GALLEGO & REY
Publicado en “El Mundo”, España.
Nota: La viñeta original en mi poder, recorte de una página del periódico, no lleva la fecha en la que se publicó.
Un saludo, Hemeroteco.



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Publicado por opusvalladolid en Enero 3, 2008

“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).
La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:
Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.
En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).
Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.
En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.
Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?
Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. La Iglesia, en su Código de Derecho Canónico, les ampara. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.
Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.
Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más.
Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!“.
Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.
Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.
Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.
Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio“. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).
*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra“.
Otro testimonio más que te hará pensar y hará pensar y recapacitar a los reclautadores de vocaciones: “Los “pitajes” a granel y la vocación al Opus Dei“. Y otro: “La seducción del cariño: orígenes de una vocación“
Publicado en Club Cuatro Caminos, Club Cuatro Caminos Opus Dei, Cursos de orientacion familiar para padres, Enfermos Opus Dei, Formacion Cristiana Opus Dei, Mentiras Opus Dei, Padres hijos en el Opus Dei, Solidaridad, Videos Opus Dei, Videotestimonios Opus Dei, Villa Tevere Opus Dei Roma, Vocacion, Vocacion Opus Dei, deporte y naturaleza, formacion cristiana, orientacion continua, www.opusdeialdia.org | Deja un Comentario »
Publicado por opusvalladolid en Diciembre 30, 2007
Documento interno del Opus Dei:
27 PASOS PARA QUE PA [PIDA LA ADMISIÓN EN EL OPUS DEI] UNA AL MES
(Delegaciones de Madrid)
-Una chica que no conozca nada, en 6 meses pa
1. Conocerla.
2. Quedar para salir a hablar de pájaros y flores.
3. Fomentar la amistad: deporte, excursiones, aprovechar planes divertidos que se monten desde el ctr [centro].
4. Pisar el ctr.
5. Empezar a estudiar en el ctr.
6. Visita a los pobres.
7. Encargo material o ayuda en el centro: hacer el turno, poner ornamentos, etc.
8. Meditación.
9. Traer alguna amiga por el ctr.
10. Charla de formación, si es posible con amigas.
11. Oración: enseñarle y quedar todos los días para hacerla, proporcionarle tema y siempre recoger lo que haya sacado.
12. Dirección espiritual.
13. Hablar todas las semanas: fijar día y hora.
14. Círculo.
15. Plan de vida I (10′ de oración, ángelus, visita, 3 días Misa).
16. Curso de retiro.
17. Plan de vida II (15′ de oración, ángelus, visita, Rosario, 3 días Misa).
18. Convivencia de fin de semana.
19. Libro sobre la Obra.
20. Plan de vida III (20′ de oración, ángelus, Misa todos los días, visita y rosario).
21. Película de nuestro Padre: devoción a nuestro Padre.
22. Convencer al cl [Consejo local].
23. Hablarle para pa [pedir admisión] y visita a los pobres de la Virgen, si no ha hecho.
24. Conversación con la d [directora].
25. Preparar conversaciones breves con el sacd [sacerdote]: que pase y le cuente lo que va viendo en la oración y sus propósitos.
26. Romería para pedir luces.
27. Carta.
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Ver también:
La técnica sectaria del proselitismo en el Opus Dei
La trampa de la vocación al Opus Dei
La situación actual del Opus Dei en España
La decadencia del Opus Dei
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Publicado por opusvalladolid en Diciembre 20, 2007
LA TRAMPA DE LA VOCACIÓN AL OPUS DEI
“El Opus, dice Pániker (Raimundo Pániker entró en la Obra en 1939 y se marchó en 1966. Fue ordenado sacerdote en la segunda promoción, es decir, al año siguiente que los “tres primeros”), quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. “El demonio actúa rápidamente -le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita- y lo hará si me marcho de aqui. (Citado en el “Catholic Pictorial”, 13 de septiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus). El impacto sobre los miembros del Opus es predecible. Se les separa tempranamente de su familia natural. Se les enseña a creer que la salvación es imposible, ahora que son miembros del Opus Dei, sino sólo a través de la organización en la que han ingresado. Suple su vida familiar, su medio ambiente, al menos en todo lo que no sea actividad profesional y, en muchos casos, especialmente para las mujeres, también ésta. Cuando están desengañados, por tanto, el impacto emocional es aplastante. Los que quieren marcharse no tienen a nadie a quién recurrir, nadie, fuera del Opus, con quien establecer una relación lo suficientemente estrecha como para que puedan confiar en ellos. Y también han sido educados en la creencia de que al romper sus lazos están cometiendo el pecado más infame. La salvación es transmitida a través del Opus. Sin el Opus, el antiguo numerario está condenado”. (Recogido por Michael Walsh, El mundo secreto del Opus Dei).
La vida, fuera de la Obra, tiene sus sinsabores y sus alegrías, es la vida misma, la de cualquier persona en medio de este mundo, sin privilegios, sin mamparas de cristal, pero sin otro sometimiento que no sea lo que tú quieras hacer, ser, pensar, y sobre todo ¡vivir y respirar! En la Obra empequeñecen a Dios y le hacen cómplice de una increíble tela de araña para tenernos bien aferrados con frases tan engañosas como “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave” (Escrivá). ¡Ahí está la trampa! Míralo de la siguiente forma:
Para Escrivá, irse de su obra es igual a… ¡romper la unión con Dios! (¿Cuánta soberbia se necesita para hacer una afirmación semejante?). Irse de la Obra no es abandonar la Iglesia ni dar la espalda a Dios, porque la Obra no es la Iglesia y la verdadera Obra de Dios es Jesucristo.
En primer lugar, tu vocación se le inventaron, “la vieron” ellos, pero tú fuiste captado por un proceso de “enamoramiento” o de atracción o de coacción (recuerda cómo entraste a la Obra). Aún así, si hubieras tenido vocación -¿acaso podrías elegir tener vocación de “supernumerario a los 14, 15, 16, 17 ó 18 años?,¡No!- tenías vocación de numerario/a porque el/ella -junto al sacerdote de la obra con el que te confesabas- “lo habían visto en la oración” o de agregado/a si tu nivel social o tu educación, tus peculiaridades e incluso tu físico no era el deseado, o de numeraria auxiliar, si te sacaban de un pueblo, sin estudios, de clase humilde, de donde “unas señoritas” te llevaban a la capital a “estudiar”, a “formarte” (con la tranquilidad que les quedaba a tus padres porque ibas a labrarte un futuro mejor).
Se inventaron tu vocación e involucraron a Dios haciéndote creer que Él era el que te pedía “eso”. Y tú acabaste por aceptarlo “Dómine, ut videam!”, “No querrás ser como el joven rico del Evangelio al que Jesús le dijo ’sígueme’ y al no hacerlo se quedó triste”… y tantas frases parecidas.
En cualquier caso, no seguir en una organización no es ser infiel, es una elección y la vida está llena de ellas. Imagínate que has firmado un contrato para trabajar en una empresa y cuando llevas un tiempo allí, ves que no tiene nada que ver con lo que te dijeron que era. No te gustan sus métodos de trabajo, ni te convencen sus objetivos, ni te sientes a gusto. Si decides rescindir el contrato y buscar un sitio mejor donde corra el aire, ningún estatuto ni ninguna rama de ningún Derecho, ni el sentido común tipificarían tu caso como “el del empleado infiel que quiere romper su relación con Dios”.
Imagina que estás casada con una persona que te maltrata y llevas años aguantando la situación. Si te atrevieras a plantarle cara, a denunciarle y a marcharte de su lado, ¿alguien podría acusarte de que si le abandonas, estas siendo infiel? Y si por ende, alguien te dijera que además de serle infiel, lo grave es que has roto tu relación con Dios, ¿estaría en su sano juicio quien así intentara convencerte de que siguieras aguantando? ¿Crees que Dios querría que siguieras soportando los malos tratos y que no te defendieras?
Piensa por un momento en las personas que se asocian o ingresan en alguna institución religiosa. Si en un momento de su vida creen y tienen la seguridad de que eso que eligieron ya no es lo que quieren, o ya no les vale, o creen que su evolución espiritual les ha conducido por otros derroteros, con la misma libertad que entraron (libertad que tú no tuviste), se marchan. Y no pasa nada, no son infieles a Dios porque a Dios se le puede servir de muchas maneras (más que servir, Dios prefiere que le quieras) y Dios sigue siendo Dios y tú sigues siendo tú y no se rompe nada, no hay infidelidad. Recuerda la frase del Padre para que no se nos olvide lo incongruente y sibilina que es: “la infidelidad [al Opus Dei], romper la unión con Dios, eso es lo grave”.
Para el fundador, la “infidelidad” es irse de la Obra; da igual en qué condiciones ni por qué motivos. No respeta tu libertad, no admite que pienses por libre, no acepta que seas persona ni que seas tú mismo. Y se atreve, además, a utilizar a Dios para su propia conveniencia. Por eso equipara “infidelidad” a “romper la unión con Dios” y te hace creer que si te vas de la Obra “le traicionas como otro Judas“. ¿Cómo puede alguien pensar en su sano juicio que no admitir, no entender, no poder compaginar la teoría con la práctica del espíritu del Opus Dei, después de haberlo intentado muchas veces, es “romper la unión con Dios”? ¡Si sólo es una cuestión de salud mental! La idea de Dios tiene tan poco que ver con la desolación, con la amargura, con la tristeza, con la sinrazón, con la falta de caridad, que si Dios pudiera hablar por su propia boca te diría que Él no tiene nada que ver con el Opus Dei, que no son sus métodos, que te quiere igual dentro que fuera y, sobre todo, que no es sectario y que no se inventa organizaciones en las que el que está dentro acaba buscando razones para morir y no razones para vivir.
Irse de la Obra no es “romper la unión con Dios” ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Qué burda manipulación y qué fácil de desmontar! Pero, es cierto y te damos toda la razón, sólo te das cuenta de que te han manipulado o de que lo están haciendo, cuando estás fuera o estás casi a punto de irte porque tu salud psíquica y física ya no pueden más. Rizando el rizo, si te sirve una situación que no es la tuya pero que podrían haberte influído tanto que te sintieras una mala persona por haberte ido o quererte ir del Opus Dei, recuerda este pasaje del Evangelio: “Mujer, ¿acaso alguien te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete en paz!“.
Y desde el punto de vista jurídico, la salida de la Obra está perfectamente legitimada en los Estatutos de la Prelatura.
Te aconsejamos que leas el capítulo III del libro de Maria del Carmen Tapia: “Crisis vocacional“. Te dará “luces” para recordarte o para que sepas cómo se utiliza el tema de la vocación en el Opus Dei. Con una explicación teológica y filosófica te lo aclarará también Antonio Ruíz Retegui, teólogo y sacerdote numerario del Opus Dei en su capítulo El sentido de la perseverancia de sus reflexiones íntimas “Lo teologal y lo institucional“. Un ex sacerdote numerario te ayudará también con su testimonio Decisión difícil, igual que puede hacerlo el escrito La vocación al Opus Dei no existe y sobre el bautismo. Lee también las reflexiones, a la luz del Evangelio, del relato del joven rico, Carta a una recién ‘pitada’ con dudas, La técnica sectaria del proselitismo del Opus Dei.
Y para ver la coacción en los argumentos que se emplean para asignarte una vocación, lee -y házsela leer a tus padres- la charla sobre la vocación del círculo. Si estás yendo a círculos, tarde o temprano te dirán eso, para que “pites”. Y para comprobar la falsedad de sus actuaciones y la frialdad de sus métodos sectarios, lee los 27 pasos para que “pite” una numeraria al mes, un documento interno del Opus Dei donde se marcan las pautas del proceso de captación y de “enamoramiento” al que te someterán si estás bajo su influencia. No caigas en la trampa.
Como declaró Antonio Pérez Tenessa*: “Una vez liberado del trauma que deja la Obra, repito literalmente contigo: Yo, por mi parte, puedo seguir asegurando que no he llegado a echar de menos ninguno de sus cuidados, de sus charlas, de sus consejos, de sus diálogos, de sus apostolados, nada. Porque era eso precisamente lo que costaba y me repelía por contradictorio“. (Recogido por María Angustias Moreno en su libro, El Opus Dei, anexo a una historia).
*Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución. En 1992 publicó un artículo en el diario español “El País” titulado: “No hablaré mal de la Obra“.
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Publicado por opusvalladolid en Diciembre 20, 2007

Artículo publicado originalmente en Opuslibros.org
Minerva
Reiteradamente se trata en esta Web y en los distintos medios de comunicación el tema de las enfermedades mentales de los miembros de la Obra y sobre los psiquiatras del Opus Dei que los atienden. De los veintitrés años que estuve en la Prelatura, los trece últimos los pasé enferma de depresión. Para ahorrarme el dolor de su recuerdo preferiría no hablar sobre este tema, ni rememorar la época y circunstancias en las que se desarrolló mi enfermedad, mas considero que debo vencer mi rechazo y escribirlo porque puede ayudar a alguien que ahora esté pasando por algo parecido a lo mío. De todo lo que voy a hablar a continuación tengo nombres y demás datos que lo corroboran, pero prefiero no citar ni a las personas ni los lugares que las pondrían evidencia porque quiero que el árbol no tape al bosque: que se le achaquen a esos sujetos, a título individual, algo que puede ser frecuente en la Obra.
Me hice agregada del Opus Dei a los 19 en un centro de chicas jóvenes en donde permanecí los primeros diez años…
Durante esa época fui una muchacha vital, alegre, llena de entusiasmo, con la risa pegada a la cara… y lo fomentaba el ambiente de juventud de aquel centro que continuamente me mantenía ocupada. Aunque no todo el monte fue orégano y pasé por temporadas en las que pensaba que aquello no era lo mío; por ejemplo, cada 19 de marzo, en el que tenía que renovar un año más en la Obra, yo me resistía e iba precedido de un tremendo darme la lata para que lo hiciera, pero a pesar de todo guardo gratos recuerdos de aquel entonces en donde, por lo menos, no sentí nada de soledad.
El tiempo pasó, las directoras debieron especular que a mis 29 años ya era hora de trasladarme a un centro de mayores y lo hicieron de la noche a la mañana. Para mí fue como entrar en otra dimensión. La casa nueva está situada en una zona noble de Madrid, de techos altos, oscura, sin un ápice de la algarabía del lugar que acababa de dejar y las numerarias que lo habitaban y las agregadas… Bueno, para que os hagáis una idea de la edad y circunstancias de esas mujeres os relato el comentario que le hice a la directora cuando terminó de enseñármelo, le dije: “Oye, y de entre todas las de este centro ¿hay alguna que sea joven o que no esté enferma?”.
Y aquel cambio de centro fue mi encuentro con la soledad de la Obra y su indiferencia hacia mí. Antes llenaba los fines de semanas con excursiones u otros planes apostólicos, ahora, con mis amigas y compañeras casadas y atendiendo a sus familias, me tenía que conformar con estar sola en la casa de mis padres y, como mucho, yendo a dar un paseo con mi madre o a merendar con una vecina. Durante el resto de la semana todo el contacto con mi “familia” de la Obra consistía en ir una tarde al centro en donde, sin pausa alguna, asistía al circulo semanal, hacía la charla (dirección espiritual), el movimiento económico (en donde se le entrega a la secretaria el sueldo mensual y sacas lo necesario para tus gastos) y me confesaba.
Para llenar el vacío que sentía me volqué en el trabajo, al que aumenté tanto el tiempo como la intensidad de mi dedicación.
En algo menos de un año ya era otra persona: seria, circunspecta, mordaz en los comentarios y sobre todo una mujer muy triste. Las directoras me debieron ver mal y acortaron la fecha de mi revisión médica anual (todos los de la Obra han de pasarla cada año con un facultativo del Opus Dei) y en un principio fui tratada por él con ansiolíticos para mandarme a los pocos meses a una psiquiatra que es supernumeraria, quien me diagnóstico depresión bipolar. En los trece años que fui su paciente ha empleado conmigo todo el arsenal farmacológico posible. Entre otros efectos, sus tratamientos me han provocado un hipotiroidismo permanente causado por el litio (del que me he de medicar de por vida); alucinaciones que comenzaron con una nueva medicación y cesaron al quitarla, mareos; dormir durante largos periodos de tiempo, que en una ocasión llegó a tres días seguidos; permanecer ingresada un mes en una clínica psiquiátrica y un largo etcétera que el lector puede imaginar.
Desde el comienzo de esa tristeza y pérdida de ganas de vivir me fue asaltando la idea de que mis males se podrían solucionar dejando la Obra, pero varios condicionantes me imposibilitaron hacerlo:
- La absoluta confianza que tenía depositada en las directoras, quienes me afirmaban que lo mío era seguir en el Opus Dei, que fuera de él sería una desdichada, que tenía que dejar de pensar en mí y ofrecer con alegría mi enfermedad (es del todo imposible que un depresivo pueda ofrecer con “alegría” su mal, ya que entonces no sería depresivo), etc.
- Porque en la depresión me era muy costoso (casi imposible) tomar decisiones.
- Porque me impedían oír otras opiniones (ir a médicos objetivos, no ligados a la Obra) o valorarlas cuando me las daban (por ejemplo, mis padres, con quienes vivía, me dejaban caer que fuera de la Obra estaría mejor), ya que entonces las directoras me contaban que esos consejos eran humanos, no sobrenaturales, las tentaciones de las que el Demonio se vale al usar a nuestras familias como obstáculo en nuestra vocación.
Poco a poco, se me fue haciendo imposible seguir el plan de vida de la Obra: me dormía en la oración, por mi trabajo no podía ir a misa por la tarde y por la mañana no había quien me pudiera sacar de la cama media hora antes de lo necesario, y así ocurrió con el resto de las normas que, por otra parte, cada vez me producía más ansiedad hacerlas, por lo que al cabo de unos años tan sólo iba a misa los domingos y me confesaba semanalmente.
A los veinte años de estar en Obra y a los diez de ser la paciente de esa psiquiatra, su tratamiento continuado hizo sus efectos y, aunque no bien, por lo menos estaba estabilizada: trabajaba doce horas al día, iba el miércoles al centro (tal y como indiqué antes) y el resto del tiempo me lo pasaba durmiendo (los días de diario llegaba a casa, cenaba y me acostaba hasta la mañana siguiente; de viernes por la noche a lunes por la mañana lo empleaba en estar en la cama, salvando el tiempo imprescindible para las necesidades biológicas, ir a misa, y dar un paseo con mi madre). A partir de entonces la idea de dejar la Obra fue creciendo en mí y las directoras siguieron en sus trece de que lo mío era morir en el Opus Dei.
Hago un inciso. Si alguien se encuentra en un estado en el que su corazón le grita que debe dejar la Obra, por experiencia personal puedo decirle que lo primero que debe hacer es considerar que sus directores no son sus amigos sino unos fanáticos del Opus Dei, que permitirán y ayudarán a que se muera dentro hecho jirones antes de dejarle abandonar la Obra. Y lo segundo, y como consecuencia de lo anterior, es que la primera obligación de esa persona ante si misma y ante Dios (porque Él si que te ama, tanto a ti como a tu salud) es la de ocultar a los de la Obra sus pensamientos y pesquisas para dejar el Opus Dei hasta que llegue el momento en el que se tengan los recursos necesarios para poderse ir.
Como antes conté, a los diez años de enfermedad y tres antes de dejar la Obra, me encontraba estabilizada y cada vez con más ganas de marcharme del Opus Dei, lo que les repetía a la directora y al sacerdote asignado, quienes a su vez reiteraban su postura de que me mantuviera dentro. Al cabo de un año de ese tira y afloja (las directoras eran quienes tiraban, a mi me correspondía tan sólo aflojar) me comenta la psiquiatra que me convenía recibir una terapia de electroshock, sin explicarme muy bien el porqué. Vuelvo a repetir que yo me encontraba bastante bien pero, como siempre, me dejé llevar y me aplicaron seis sesiones. Por la mañana de seis días seguidos, antes de trabajar, fui a la clínica en donde me dormían para aplicarme después el electroshock.
Tiempo después leí que el electroshock es una práctica casi en desuso, que se utiliza fundamentalmente para romper circuitos cerebrales viciosos. Por ejemplo, alguien tiene la obsesión de suicidarse y la corriente eléctrica que se aplica con el electroshock rompe las conexiones neuronales que la mantienen, permitiendo así que el paciente olvide esa tendencia. Pues bien, cuando me lo aplicaron, mi única “obsesión” era la de dejar el Opus Dei.
Tras recibir ese tratamiento no encontré mejoría alguna. pero si una consecuencia muy molesta: perdí la memoria de periodos y circunstancias de mi vida que desde entonces tan sólo puedo recuperar, con esfuerzo, si alguien me los recuerda. Y yo me pregunto: ¿Cuánto será lo realmente olvidado que desconozco porque no me lo recuerda nadie? ¿Cuántas cosas habré olvidado con imposibilidad de recuperarlas porque tan sólo las conocía yo?
Si se tiene una muela infectada, los calmantes, antibióticos contra la inflamación, etc., tan sólo son parches para mejorar temporalmente el estado de salud, pero lo único que realmente puede curarlo es hacer desaparecer la caries que produce el mal. De la misma manera, la Obra era la causa que provocaba mi depresión y todos los tratamientos que me aplicaron durante trece años fueron composturas ineficaces para la mejoría definitiva, que tan sólo se produjo cuando estabilicé mi vida fuera del Opus Dei.
Creo que lo que me daba una cierta estabilidad con respecto a la depresión era precisamente el deseo cada vez mayor de irme de la Obra. Pienso que al enfrentarme a la verdadera razón de mi mal y al poner los medios de que disponía para dejarlo fue lo que precisamente me inyectó vitalidad. El caso es que mis ganas de dimitir en la Obra aumentaron durante el año siguiente a la aplicación del electroshock, pero continuaba careciendo de los recursos interiores necesarios para llevarlo a cabo. Según la imagen de futuro que vaticinaban mis directoras era muy dura la vida que me esperaba fuera del Opus Dei: sin familia, con cuarenta y dos años, con una gran enfermedad, con padres muy mayores, sin amistades y, por si fuera poco, jugándome la salvación eterna por decirle a Dios que no en un don tan valiosísimo como es la gracia de la vocación a la Obra.
Pero, ¡hete aquí!, que hace poco más de un año (mayo de 2004), por casualidad descubro esta web. Leo con admiración como no soy la única persona a la que le ocurren estas cosas, sigo a Carmen Charo en su testimonio y cómo tan sólo mejora cuando deja el Opus Dei, me empapo de los correos diarios, de los documentos que figuran en “Tus escritos“… e, ¡ilusa de mí!, lo cuento en la charla de la semana siguiente. Me contestan que debo dejar de acceder a esta web, pero para entonces ya se me “habían abierto lo caminos divinos de la tierra” y sigo entrando en ella; lo cuento de nuevo, me contestan que si continúo leyéndola he de hablar con un sacerdote de la Delegación y, por la cara que puso quien llevaba mi charla, le pregunté si lo que estaba haciendo era algo muy grave y me respondió que sí. Pero ya era imposible pararme, así que ni fui a ver a ese sacerdote ni volví más al centro. Escribí a los orejas expresándoles mi deseo de contactar con alguien que me pudiera ayudar y tuve encuentros con algunos exmiembros. Ya me hallaba con la fuerza necesaria para dejar el Opus Dei. Saqué el propósito de no volver a pisar un centro de la Obra, por lo que quedé una tarde en una cafetería con la agregada que llevaba mi dirección espiritual y le entregué la carta de dimisión al Opus Dei.
Cambié de psiquiatra (por supuesto no del Opus Dei) y después de varias consultas me dio la buena noticia de que no padecía depresión bipolar, sino que mi estado depresivo se debía al ánimo triste normal de cualquier persona, que se desborda hacia la enfermedad cuando se halla sometida a una gran soledad y al intenso estrés de carecer de esperanza para salir de ella, por lo que la desaparición de las circunstancias que lo provocan (en mi caso dejar la Obra) llevaría de nuevo a la salud. Y, en efecto, así ha ocurrido.
A mediados de agosto conocí a quien ahora es mi marido (nos casamos unos meses después), a final de ese mes me llamaron de delegación contándome que el Padre no me daba la dispensa en espera de que me lo pensara mejor y les respondí que como tardaran mucho en dármela corrían el riesgo de que contrajera matrimonio sin estar dispensada, y cinco semanas más tarde, por fin, fui eximida de pertenecer al Opus Dei.
Junto a la Obra también se fue de mi vida la depresión de la que llevo más de un año sin presentar ningún síntoma, a pesar de que el nuevo psiquiatra me ha retirado, poco a poco, gran parte de la medicación (ya que no puedo abandonarla de golpe por el efecto rebote que me provocaría tras haberla estado tomando durante tantos años), siendo su idea la de acabar suprimiéndomela del todo.
Y aquí finaliza mi testimonio, que se corresponde con este presente en el que lo termino.
Minerva
Publicado en Club Anciles, Club Antares, Club Arapiles, Club Carroalto, Club Enol, Club Montauca, Club Niara, Club Pinar, Club Tempero, Enfermos Opus Dei, Opus Castilla y León, Pastillas Opus Dei, Perseverancia Opus Dei, Psiquiatras Opus Dei | Deja un Comentario »