Extraido de LOS AÑOS MENTIDOS.
Autor: Ricardo de la Cierva.
Editorial Fénix

CAPÍTULO X
LA FALSIFICACIÓN DEL MARQUESADO DE PERALTA (páginas 143 a 158)

Pie de foto: Monseñor José Maria Escrivá recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza. El Opus Dei se ha mostrado muy poco riguroso en cuanto a la biografía y sobre todo en cuanto al título nobiliario de su fundador.
CAPITULO X
LA FALSIFICACION DEL MARQUESADO DE PERALTA
Las máquinas de propaganda – o los llamados ahora púdicamente “centros de imagen” – cuidan, por definición, mucho más la imagen que la realidad; maquillan la realidad e inevitablemente la deforman. Las máquinas de propaganda actúan muchas veces, inevitablemente, como máquinas de la mentira. Lo acabamos de ver en el caso de los jesuítas; ahora lo comprobaremos en otra importante institución religiosa de nuestro tiempo, el Opus Dei.
Me he referido muchas veces en mis escritos al Opus Dei y concretamente a su fundador, el padre José María Escrivá; he estudiado la beatificación de monseñor Escrivá recientemente, en la segunda serie de mi libro Misterios de la Historia, publicado por Planeta en 1992 y que ya va por la tercera edición. Voy a referirme mucho mas extensa y profundamente al Opus Dei en mi ya muy próxima Historia de la Iglesia contemporánea y por supuesto mantengo aquí mis opiniones anteriores y muy especialmente las que comuniqué a propósito de la beatificación: como cristiano de filas acepto la beatificación de monseñor Escrivá, me adhiero, aunque algo más críticamente, al entusiasmo de los trescientos y pico mil fieles que batieron todos los records de llenado en la plaza de San Pedro; tuve la suerte de ser el primer observador que informó anticipadamente sobre la fecha de la beatificación, como bien sabe el director de ABC Luis María Anson que gracias a una llamada telefónica mía se adelantó a todos los demás medios en dar esa noticia; me pareció fatal que la diputada Isabel Tocino, miembro del Opus Dei, creyera más político no asistir a la beatificación; y creo que el espíritu evangélico, la fidelidad a la Santa Sede y la eficacia apostólica del Opus Dei en sus obras de enseñanza y de caridad por todo el mundo merecían este gran reconocimiento público del Papa, porque en medio de sus defectos como persona humana y baturro de pro que la proximidad hace resaltar más, la vida del padre Escrivá estuvo, en efecto, llena de virtudes heroicas y de una tensión permanente en servicio de la Iglesia.
Sucede también que como he indicado en algunas anotaciones de pequeña historia personal he recibido de algunos miembros del Opus Dei grandes ejemplos y grandes ayudas que contrastan con las faenas, a veces negras e indignas de cristianos, que me han dedicado otros miembros o allegados del Opus Dei sobre todo en mi vida profesional, donde algunos de ellos se han estrellado repetidas veces contra mí, aunque en todos los casos hayan recibido la respuesta contundente que se merecen. Estas actitudes contrarias no me hacen variar mi alto concepto sobre el Opus Dei y su fundador, pero sí me facilitan la tarea crítica cuando me encuentro con hechos reprobables en la Obra y en quien la creó. Con este espíritu abordo este capítulo, por .el que pido perdón a mis amigos del Opus Dei y a las innumerables personas a quienes el Opus Dei ayuda de forma profunda para su vida espiritual al orientarles en el difícil camino de los hombres hacia Dios. Yo tomo mi orientación de otras fuentes pero ello no me impide respetar a quienes hacen del Opus Dei el principal apoyo y la principal razón de sus vidas.
VIGESIMO OCTAVA MENTIRA: “Don Alvaro del Portillo disimula con poca habilidad las profundas relaciones del Opus Dei, monseñor Escrivá, Franco y su régimen, aunque no niega algunos contactos de Escrivá con Franco, en los que, dice, sólo actuó como sacerdote. Y luego difumina también la trayectoria de los miembros del Opus Dei en España “unos en el poder y otros en la oposición. En otro momento señala don Alvaro que ya en 1964 aconsejó monseñor Escrivá a la Santa Sede que la Iglesia de España se despegara del franquismo para evitar identificaciones futuras que podrían resultar enojosas y peligrosas” (Entrevista de don Alvaro del Portillo con Le Figaro 12 de mayo de 1992 resumida e interpretada en mi obra citada p. 365).
Don Alvaro del Portillo, por quien siento un especial afecto y respeto – sed magis amica veritas- ofrece una acusada tendencia al maquillaje histórico. En mi reciente libro de 1993 Franco y don Juan, los reyes sin corona, he publicado por vez primera una carta de monseñor Escrivá al general Franco felicitándole nada menos que por la promulgación (que se hizo sin debate parlamentario) de la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Y me consta que hay varias cartas más de monseñor Escrivá en el archivo de Franco, que hasta ahora no se han publicado (yo obtuve esa carta por medios propios) lo que tal vez pueda explicarse ante el hecho de que el encargado de ordenar y comunicar gradualmente los documentos del archivo es un miembro numerario del Opus Dei. Me extraña mucho que el padre Escrivá recomendase a la Santa Sede en 1964 el despegue del régimen de Franco cuando él mismo se sentía feliz con la irrupción de un poderoso grupo del Opus Dei en los gobiernos de Franco donde se mantuvieron firme y provechosamente (para ellos y para el Opus Dei, y también para España) entre 1957 y 1973, cuando fueron eliminados en bloque al desaparecer su gran valedor, el almirante Carrero Blanco. La equiparación de miembros del Opus Dei en el poder de Franco y en la oposición es falsa. Estaban en su inmensa mayoría con el poder; iniciaron una corriente de oposición muy minoritaria entre ellos mismos ya muy al final del régimen, por medio del profesor Calvo Serer, que durante décadas había sido un ardiente partidario de Franco y su régimen, hasta el punto de entregar a Franco, “abierta al vapor” según testimonio de Carrero Blanco, una carta de don Juan de Borbón portada por el propio Calvo Serer a un colaborador de don Juan en España.